Embrujo de sol y palmas

27/08/2010

La esquina de la luz y el duende se llama Cádiz. El aeropuerto de la provincia está en Jerez de la Frontera (la ciudad más poblada, con más de 200.000 habitantes)Osborne y recibe al turista con un toro de . Todo un símbolo en la tierra del sherry, ese tipo de vino que se puede probar en más de 30 bodegas, como la de Tío Pepe o la de Álvaro Domecq. Incluso está el Museo del Misterio de Jerez, un pedagógico paseo por la historia de estos caldos desde el siglo XVIII.

Otro de los mayores orgullos de Jerez es el flamenco. Sus dos patas son el barrio de Santiago y el de San Miguel. El primero vio nacer a José Mercé y El Capullo. Métase por los callejones donde parece que no va a haber nada. Encontrará el Centro Andaluz de Arte Flamenco, plazas de cal y silencio y la taberna El Arriate, con una figura de cartón de Lola Flores, fotos de Louis Armstrong y voces de aire jondo que se arrancan cuando uno menos se lo espera. No olvide pedir fino, Pedro Ximénez o vino dulce para preparar el cuerpo. Del otro barrio, el de San Miguel, eran la Faraona y La Paquera, cuya fuerza se puede revivir en las peñas Los Cernícalos y Tío José de Paula. Con cuatro patadas-metralleta por bulerías, uno ya ha entrado en calor. Cuando el duende viene, ya no se va.

Los naranjos nos conducen al alcázar árabe, del siglo XII, donde podemos visitar la mezquita, el alminar desde el que se llamaba a la oración, los baños y los jardines andalusíes. Unos pasos más abajo se encuentra la enorme catedral, mezcla de gótico, barroco y neoclásico. Y ahora ya viene el goce total: la renacentista plaza del CabildoLa Rosa de Oro (¿es Jerez o Úbeda?), la pastelería (compre la tarta típica de Jerez, elaborada según una receta andalusí con pasas, almendras y 37 especias) y el bar Juanito (pescaíto, riñones al jerez, carne mechada o berza que quitan el sentío). Y para rematar la ruta por esta ciudad-espectáculo hay que visitar la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, con sus potros pura sangre.

El resto de la provincia no tiene desperdicio. La capital, Cádiz, fue la ciudad española que vio nacer la primera constitución, en 1812. Siga esa huella en el enorme monumento conmemorativo junto al Palacio Provincial y en el Oratorio de San Felipe Neri, donde se promulgó la carta. La guasa y las frases ocurrentes le acompañarán mientras pasea por la Alameda de Apodaca y el Parque Genovés, la popular playa de La Caleta flanqueada por dos castillos, el carnavalero Teatro Falla y la Catedral, con su inconfundible cúpula amarilla.

En Cádiz hay que mirar al cielo, porque está llena de torres miradores desde donde los comerciantes avistaban los barcos en el siglo XVIII, cuando la ciudad fue puerto de salida hacia las colonias americanas. Los vestigios fenicios se contemplan en el Museo Provincial y los restos romanos, en el teatro junto al barrio del Pópulo, el más antiguo, hoy vibrante y lleno de jóvenes cuyas conversaciones reflejan ese surrealismo que sólo existe en Cádiz. Nadie se puede ir de aquí sin ver los atardeceres naranjas (sin Photoshop) de la costa entre Conil y Tarifa, donde se arraciman pueblos de embrujo árabe. Los hippies aplauden. Ya está aquí otra vez el duende.

Datos útiles:

Foto | elarequi61

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