¿Es usted gastroenoturista?

02/03/2011

El turismo también crea tendencia. España tardó en subirse al carro de los viajes. Nuestros padres recorrieron el país con la mano apretando la cartera para no derrochar dinero. Después vendrían las escapadas con comidas y cenas en restaurantes. Y ahora no nos queremos ir de un lugar sin probar su gastronomía y los vinos de la tierra. Lo último es la apertura de restaurantes en reconocidas y modernas bodegas. O sea, bodegas que no quieren perder el tren y se convierten también en lugares de culto para el estómago. A eso se le ha puesto una etiqueta: gastroenoturismo. Normal si tenemos en cuenta que España es un país con tradición de buen comer y buen beber y los nuevos chefs han ayudado a refinar nuestro gusto.

Tres bodegas se han adscrito a la moda de conjugar cocina de mercado pero con una vuelta de tuerca y caldos excelentes: Valbusenda, entre Toro y Zamora,  Marqués de Riscal, en Elciego (Álava), e Irius, en Somontano, Huesca. Tres puntos repartidos en la mitad norte del país que pretenden ser la punta de lanza de un fenómeno. ¿Quién quiere ser gastroenoturista?

Los colores rosa y gris centellean a lo lejos. No hay duda: es la modernísima bodega Marqués de Riscal, cuyo edificio diseñó el arquitecto Frank O. Gehry. Además de viñas y tratamientos de belleza con uva, encontramos el restaurante Bistró 1860. Sus especialidades nos hacen salivar: croquetas, potaje de garbanzos con rape y almejas, caparrones, albóndigas con patatas panadera, menestra de verduras y merluza a la romana con pimientos rojos. Es la versión más tradicional y desenfadada de la oferta gastronómica de esta ciudad del vino. Para el verano, su terraza bajo el titanio de Gehry ofrece unas espectaculares vistas sobre Elciego y la Sierra de Cantabria.

El complejo futurista de Valbusenda choca con el páramo que rodea a Toro. Aquí encontramos un resort que incluye bodegas con denominación de origen Toro, un spa y el restaurante Nube, centrado en la cocina tradicional con base moderna. Su carta (entre mediterránea y auténticamente castellana) conduce al comensal a experimentar emociones culinarias sorprendentes a través de los maridajes con los diferentes tipos de vino y pan.

Por último, Irius, que se declara “una bodega con un prisma diferente”, pregona su cocina de vanguardia: alubias de Tolosa con costra de jamón, croquetas de foie, canapé de cremosos de ibérico con piñones, jamón con pan con tomate y piruleta de gamba con ciruela pasa, huevo poché en salsa de puerros con boletus y foie, rodaballo al estilo Orio, escalopines de solomillo al vino tinto… Pero ojo, que ser sibarita tiene su precio.

Foto | josem.rus