Señor dj: una de salmón

07/03/2011

Los días eran grises, los edificios eran grises, la gente era gris. Y las noches, negras negrísimas. El comunismo sumió a Moscú (la capital de Rusia, la urbe más grande de Europa, con diez millones de habitantes) en un letargo.

Hoy se ve en la ciudad una pujante clase media con bolsas en las manos y alegría en las caras. Sobre todo por las noches, regadas con vodka. Empecemos por aquí: hay bares que abren más de 20 horas diarias y sirven comida a las tantas. Como el Prapaganda (Zlatoustinsky Boulevard, 7), donde te puedes pedir salmón con patata hervida mientra el dj pincha hits. En Moscú no existe una zona de marcha, sino que los pubs están diseminadas a lo largo y ancho de esta ciudad magnética. Consejos: el Bilingua (Krivokolenny, 10), con música indie, y Project O.G.I. (Patapovsky, 8-12), con rock del bueno. Que no se le vaya de las manos si pasa pocos días en la ciudad, porque es una pena perderse la rutina diurna.

A plena luz del sol, Moscú resulta enmarañada y gigante. Lo es, pero hay una forma de orientarse en el centro: los círculos concéntricos que van formando las calles a partir de la Plaza Roja. Ahí está el Kremlin, el mausoleo de Lennin, la iglesia de San Basilio y los grandes almacenes GUM, virtuosismo capitalista. El famoso templo, con sus cúpulas de colores, parece de lejos un cupcake de esos que están ahora de moda. O la manualidad con plastilina de un niño habilidoso. Dentro del Kremlin epatan los frescos medievales de la Catedral de la Asunción. El Museo de la Armería sirve para recrear el pasado de un país que Winston Churchill calificó como “una adivinanza dentro de un misterio dentro de un enigma”: carruajes lujosos, coronas de los zares, vestidos de los popes. Por cierto, tampoco habrá que olvidarse de ver la momia de Lenin en su mausoleo. La historia en forma de cuerpo. El arte está por todas partes: iglesias que surgen de la nada, estaciones de metro decoradas como si fueran palacios y lo mejor, la pinacoteca Tretiakov con los grandes maestros rusos del siglo XIX. Después de un atracón de belleza como este, a uno se le antoja observar lo feo del mundo (por aquello de compensar y descansar la vista). En Moscú no hay problema, porque encontrará enormes edificios stalinistas y comunistas que juegan con el tremendismo. A un lado y otro del río Moskova. Y sí, son anchos y altos. Y sí, dan miedo.

Desde la Colina de los Gorriones o Mirador de Lenin, se puede ver la ciudad a vista de pájaro. Merece la pena visitar el edificio de la Universidad y pasearse entre las tumbas del cementerio de Novodiévichi, donde están enterrados grandes figuras rusas como Chéjov o Stanislavski. Parece macabro, pero la muerte despierta el apetito: busque filetes Stroganoff y borsch, la típica sopa a base de remolacha, manzana y leche agria. Que ensaladilla rusa ya hay bastante en España.

Consejos útiles:

  • Moscú tiene diez millones de habitantes.
  • La moneda es el rublo ruso.
  • La mejor época para visitar Moscú es primavera-verano: poco frío y nada de nieve.
  • Los turistas están obligados a obtener una visa. Lo mejor es ponerse en contacto con cierto tiempo de antelación con la Embajada de Rusia en España (91 411 2524, 91 562 2264, 91 411 0807).
  • Iberia ofrece dos vuelos diarios a Moscú, ruta en la que acaba de implantar la nueva clase Business Club. Para encontrar los mejores precios: www.iberia.com

Foto | Rappzula