207 escalones al sol mediterráneo

18/03/2011

El sol se despereza y empieza la fiesta. Los colores de las fachadas se vuelven más vivos y nos sale, así sin querer, una sonrisilla. Valencia, en pleno mar Mediterráneo, ilumina hasta el último escondrijo. La gran capital irresistible en que se ha convertido esta ciudad en constante transformación da mucho de sí.

Vayamos primero a lo más antiguo. En la plaza de la Virgen se encuentran los restos del foro romano fundado por Junius Brutus, que dio origen a Valentia. Allí, donde también hubo una mezquita árabe, se erige la catedral, que abarca varios estilos arquitectónicos a lo largo de los siglos. Es gótica, sí, pero gótica enriquecida por el renacimiento, el barroco y el neoclásico. No hay que perderse la Puerta de los Apóstoles y de la Almoina. Prepárese para subir los 207 escalones (uf, una parada en medio no viene mal) del Miguelete, el campanario gótico de la catedral y una de las señas de identidad de la ciudad. Oteará esto: agujas de iglesias, tejados, grandes edificios y calles estrechas. Y el sol siempre mirándonos. Después de bajar, contemple la Lonja, el mercado y la Plaza del Ayuntamiento, con sus elegantes y altos edificios. Luego eche un vistazo en la Basílica de la Virgen de los Desamparados, el Real Convento de Santo Domingo y las iglesias de Santa Catalina, San Nicolás y San Martín.

Basta de religión. Piérdase por el barrio del Carmen, la retícula de calles que abrazan a la catedral, y tómese un café en una terraza. Si camina y camina puede que se tope con las murallas medievales que protegían esta plaza levantina: las Torres de Serrano y las de Quart. Luego toca un paseo a pie o en bicicleta por los Jardines del Turia, en el antiguo cauce del río. Esta enorme área de recreo alargada contiene el parque infantil de Gulliver, con el famoso gigante de la novela convertido en tobogonas y juegos para los niños. Más adelante, la famosísima y postmoderna Ciudad de las Artes y las Ciencias, un complejo de ocio y cultura donde se puede visitar L’Hemisfèric (cine en 3D), el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe y L’Océanografic, el centro marino más grande de Europa. La arquitectura de Santiago Calatrava y el entorno de puentes y edificios de cristal ponen a Valencia en el mapa de la modernidad.

Las casitas de colores dan vida a la playa de la Malvarrosa, donde se encuentra la casa de Blasco Ibáñez y donde Sorolla dibujó sus escenas veraniegas. Siéntase y pida paella. Y luego, de postre, horchata y fartons. Más valenciano, imposible. Baje la comida sintiendo la brisa. De allí, al barrio de moda: Russafa, que recoge el testigo de los barrio de Lavapiés y el Raval, en Madrid y Barcelona respectivamente. Russafa fue en su origen un pueblo, pero sus fachadas burguesas delatan que pronto se unió a la ciudad. Hoy es la zona más multicultural, alternativa, indie y moderna. Restaurantes buenos y nada caros, librerías de viejo, tiendas de cómics, salas de conciertos, discotecas con música indie… Y para los más trasnochadores, el Horno de los Borrachos, una tienda de bocatas y dulces que abre 24 horas los 365 días del años. Para reponer el estómago y dormir a pierna suelta.

Datos útiles:

  • Valencia tiene algo más de 800.000 habitantes y es la tercera ciudad de España tras Madrid y Barcelona.
  • El clima de la ciudad es auténticamente mediterráneo: temperaturas templadas en invierno y altas en verano con bastante humedad.
  • El Grupo Iberia ofrece varias veces al día vuelos entre Madrid y Valencia que cubren todas las franjas horarias y, además, vuelos directos a la ciudad del Turia desde Barcelona, las Islas Baleares, Galicia, Gran Canaria, Tenerife, Bilbao, Asturias, León, Valladolid, Melilla, Lisboa y Casablanca. Siempre las mejores opciones en www.iberia.com.

Foto | –{@rwen