Albariño y arenas doradas

08/07/2011

Una playa de las Rías Baixas se puede confundir con una del Caribe. Y no estamos exagerando. Es posible encontrar en la península un mar turquesa donde uno se ve los pies y arena dorada, casi blanca. Ese lugar está en la costa oeste de la provincia de A Coruña y en todo el litoral de Pontevedra, hasta la frontera con Portugal. Estas cuatro grandes rías combinan a la perfección pueblos con encanto, bosques, acantilados recortados donde rompen las olas del Atlántico, arenales inmensos y una gastronomía que quita todas las penas. Y lo mejor: todo regado con vino Albariño.

Este caldo dorado proviene de los viñedos situados en las tierras bajas y fértiles cercanas al mar. El viento del océano le sopla a las uvas con su humedad y esa imagen nos viene a la cabeza cuando lo probamos. Sus orígenes son inciertos: hay quien dice que fueron los monjes de Cluny los que lo trajeron desde el noreste de Francia, siguiendo el Camino de Santiago; hay otros que defienden que nació en tierras gallegas y fueron los peregrinos quienes los llevaron hasta Francia. Sea como fuere, el Albariño es el complemento perfecto para los pescados de estas rías, como rapes, rodaballos, lubinas y merluzas. También combina extraordinariamente bien con mariscos. En esta ruta por las Rías Baixas habrá que probar todos los productos del mar. Para que luego uno no se quede con la espinita clavada.

Tomemos un coche y recorramos toda la zona. De vino en vino, de pueblo en pueblo y de paisaje en paisaje. La Ría de Muros es la menos urbanizada y en ella podemos visitar los pueblos de Muros y Noia. Vale la pena dejar por un momento el vehículo y estirar las piernas para subir al Monte Louro y caminar por algún tramo del Parque Natural de Corruvedo. En la Ría de Arousa, la más extensa, resuenan los ecos literarios: no podemos perdernos Padrón y el Museo de Rosalía de Castro y la villa de Vilanova de Arousa, patria chica de Valle Inclán.

La isla de la Toja nos resultará el paraíso terrenal. Para los que estén acostumbrados al Mediterráneo, estas aguas les parecerán congeladas. Cambados tiene un parador de turismo, llamado Parador do Albariño, y un Museo Etnográfico del Vino para aprender más sobre los caldos gallegos. Los hórreos junto al mar son una buena visita en Combarro, al igual que Portonovo, un pueblo de coquetas callejuelas, señoras sentadas en la puerta de casa y niños que corren detrás de un balón. Por último, junto a la Ría de Vigo, se encuentran las Islas Cíes. Un baño fresco y un rato tumbado al sol. Un placer que sólo quedará completo con la próxima copa de Albariño.

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Foto | Inmobiliaria Lares, Cangas

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