Urueña, la erudita campestre

14/11/2011

Amarillos, ocres, verdes, marrones, grises… Parece increíble, pero los colores del campo que rodea a Urueña, en Valladolid, cambian en cuestión de minutos. La luz del atardecer nos invita a un espectáculo visual en la meseta castellana y no son pocos los que vienen de fuera para contemplarlo. Éste es uno de los muchos encantos de la llamada Villa del Libro, un distintivo que solo tienen otras 14 localidades de Europa, Estados Unidos y Asia. Urueña lo consiguió en 2007 debido a su rico pasado, su patrimonio y la cultura que brota en sus calles. Este pueblo de 235 habitantes decidió revolverse contra la despoblación y apostar por el turismo por donde antes pasaba el ganado con los cereales.

Sí, 235 habitantes, pero también 12 librerías, varios museos, seis restaurantes, casas rurales y algunas tiendas de antigüedades. Ya querrían este movimiento muchos pueblos grandes del interior de España. Urueña es como una pequeña ciudad medieval. Conserva gran parte de la muralla con dos de sus puertas, algunos lienzos del castillo, casonas de piedra y una iglesia parroquial gótico-renacentista. En sus rincones se puede oler la historia. También fuera, en mitad del campo, donde se encuentra la ermita románica de la Anunciada, ejemplo rarísimo de románico lombardo en mitad de Castilla. Ahí se guarda una talla de San Jerónimo, conocido como el patrón de los libros, ya que fue quien tradujo la Biblia del griego al latín. Parece que Urueña estaba predestinada.

Uno puede rebuscar entre libros antiguos o cómics modernos, tomarse un vino en la librería-enoteca y luego probar un lechazo en uno de sus restaurantes, reposar el atracón y por la tarde continuar mirando entre los juguetes antiguos de la juguetería Oriente 9 y los productos artesanos de La Real. Planes no faltan en estas cuatro calles. La Fundación Joaquín Díaz reúne una valiosa colección de instrumentos musicales en una casa del siglo XVIII. En Urueña encontramos más sonidos en el Museo de la Música-Colección Luis Delgado, con instrumentos musicales y rarezas sonoras procedentes de todo el mundo, y en el Museo del Gramófono, con bellos ejemplos de estas máquinas que durante el siglo XX se destinaban a grabar y reproducir el sonido. Y uno de los edificios más importantes: el Centro e-LEA Miguel Delibes, con una exposición permanente que cuenta los 6.000 años de la historia del libro y de la escritura y muestras temporales, ciclos de conferencias y talleres para todos los gustos. La oferta se completa con el Espacio DI-LAB, un espacio de análisis y reflexión sobre el diseño. Y con este caldo de cultivo, pasa lo que pasa: que se pueden ver a niños leyendo en un banco del pueblo en vez de haciendo trastadas.

Foto | titoalfredo ausente pero presente

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