Algo más que una pastelería

12/04/2012

¿Quién le iba a decir a Don Bernardino Moreno y su esposa María que aquel golpe de suerte en la lotería les cambiaría la vida en el más amplio sentido de la palabra?

Corría el año 1931 cuando esta pareja decidió invertir su premio de la lotería abriendo un negocio propio. En pleno Bravo Murillo, en Madrid, abrieron una pastelería de elaboración propia, Mallorca. Rápidamente el olor a ensaimadas y torteles se extendió por todo el barrio y sus dulces se volvían famosos a la velocidad del rayo.

Así sobrevivieron a los difíciles años 40 y en el 49 abrían su segunda tienda, en la calle Velázquez. El éxito fue instantáneo y eso provocó la ampliación de sus productos. Los dulces siguieron siendo las estrellas, pero también hubo cabida para los salados: charcutería, hojaldres o medianoches… Llegaron los años 60, la ciudad no dejaba de crecer y Mallorca va de la mano con este crecimiento. Hasta tal punto que en 1969 la familia Moreno decide abrir una fábrica y un obrador central para poder dar a basto con los pedidos que ya en aquel momento tenían.

Esta decisión marcará la historia de esta pastelería, pues les abrirá camino para ampliar horizontes: abrir más tiendas y seguir formándose incluso fuera de España. Así se reciclan y añaden nuevos productos como los bombones o los patés. Llegan los 80 y con ellos el concepto de cafetería/restaurante a sus tiendas. Y con los 90 siguen innovando, introduciendo el catering a sus servicios. Con el siglo XXI el mundo parece que se está volviendo loco y todo evoluciona a un ritmo vertiginoso, Mallorca no se queda atrás y entre otras cosas, abre Mallorca Market, un singular espacio gastronómico en la calle Génova que bien merece una visita para los que voléis a Madrid.

Foto | jlastras