Mariscal se va de museo

07/08/2012

Detrás de esas gafas de pasta bulle todo un universo creativo. Javier Mariscal, uno de los diseñadores gráficos españoles más internacionales, presenta hasta el próximo 9 de septiembre una exposición sobre su carrera en el Museo ABC de Dibujo e Ilustración (Calle de Amaniel, 29-31, Madrid), una institución cultural reciente que cada vez gana más adeptos por la calidad de sus muestras temporales. Es la primera muestra de su estudio en Madrid, así que hay que aprovechar. Desde Cobi, la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona, hasta la película de animación Chico y Rita, pasando por la promoción de la capital catalana. En todos sus trabajos está presente su trazo nervioso, vibrante y puramente mediterráneo. Es su seña de identidad. Justo cuando uno ve un diseño de Mariscal, reconoce su autoría al instante.

La exposición está ideada como una gran instalación y hace un recorrido por la trayectoria de este genio valenciano polifacético y multidisciplinar. Para acceder a ella hay que pasar por un túnel de lavado con dibujos que cuelgan para “despojar al visitante de todo lo que trae de fuera”, según palabras del propio Mariscal. Con este proceso que nos libera de los prejuicios, uno entiende mejor el optimismo de su producción. Este viaje se distribuye en dos plantas: una está dedicada por completo a Chico y Rita, la última obra de Mariscal y que estuvo a punto de llevarse un Oscar de Hollywood. En ella se explica todo el proceso creativo de la cinta animada. La segunda sala recorre la vida profesional del diseñador valenciano. Se pueden ver cuadros, sillas, esculturas, carteles, portadas de revistas (por ejemplo, New Yorker) y discos (Lágrimas Negras de Bebo Valdés y Diego El Cigala), ejemplos de identidad corporativa (entidades privadas tales como el Hotel Puerta de América o el vino Espelt)… Una de sus piezas más aclamadas, por encerrar todo un mundo en su sencillez, es el eslogan Bar Cel Ona (bar, cielo, ola) que ideó para promocionar a la ciudad condal.

Al final, el diseño de Mariscal se trata de eso: de entender el mundo. Él mismo lo explica: “Me agarré al dibujo para entender la vida”. Y la vida para él tiene tonos vivos. Los colores (y su ausencia, el blanco y negro, que en Mariscal no representan algo negativo) recorren de forma transversal toda la exposición. El carácter alegre del artista se evidencia en su producción: juega como un niño con lo metafórico, emborrona la línea entre el humor y el descaro, pone en cuestión el orden establecido y reivindica el optimismo, algo necesario en estos tiempos. Cuando uno sale de la exposición, se enfrenta a la vida con otro espíritu. Palabra.

Foto | Baptiste Pons

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