La metamorfosis josefina

04/09/2012

Axioma urbanita: las ciudades son seres vivos. Nacen, crecen, reflexionan sobre sí mismas, se transforman… Y ahora mismo una de las capitales latinoamericanas más emergentes es San José de Costa Rica. Durante demasiado tiempo ha sido un lugar de paso, una urbe sucia y destartalada que no encontraba su personalidad. Pero desde hace unos años todo eso ha cambiado. Lo dice incluso el Financial Times, que la ha nombrado la quinta ciudad del futuro de Hispanoamérica por su esfuerzo para atraer inversión extranjera, su potencial económico, sus crecientes infraestructuras, su clima y su calidad de vida. Los josefinos (gentilicio de San José) aún se frotan los ojos.

San José está viviendo una metamorfosis y eso se siente en las calles. Por ejemplo, paseando por el distrito de Catedral, donde se encuentra la mayoría de los hitos históricos de esta urbe fundada en el siglo XVIII. El edificio que le da nombre es un gran templo cristiano de aires neoclásicos con un pórtico que parece el de un Parlamento. Dentro, nos sorprenderán las vidrieras y la altura de sus columnas y techos. La ruta histórico-religiosa sigue por las iglesias de la Dolorosa, la Merced y la Soledad. Entre el bullicio urbano, caminaremos hasta la Plaza de la Cultura, auténtico corazón de San José. Gente con prisas, enamorados que se besan y turistas que no se esperan esta vibración tan especial. Bajo esa plaza encontraremos varios museos. El más importante es el Museo de Oro Precolombino, que muestra más de 1500 piezas elaboradas en territorio tico antes de la llegada de Colón. Junto a esta institución cultural y dentro de un gran espacio peatonal, nos topamos con la Plaza Juan Mora Fernández y su portentoso Teatro Nacional, que le recordará en pequeña escala a la Biblioteca Nacional de Madrid. Un buen plan es acudir a algunos de los conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica.

Los planes culturales florecen por todas partes. San José acoge exposiciones artísticas de primer nivel y se empeña en democratizar el conocimiento entre la población. Uno de los organismos más perseverantes en este sentido es el Teatro Popular Melico Salazar, donde el público se emociona con las representaciones de las compañías nacionales de teatro y danza. Los jóvenes tienen su refugio para aprender en el Centro Costarricense de la Ciencia y la Cultura, ubicado en la sede de la antigua cárcel central, una especie de castillo amarillo de perfil arabesco. Ahí se encuentra, entre otras instituciones, el Museo de los Niños y el Auditorio Nacional. No hay que olvidar acercarse a la Plaza de la Justicia (con su esfera, su monolito y su pirámide), la sede de Correos o los diferentes parques (el de La Sabana es el más grande, pero también merece la pena el Okayama, de estilo japonés). Cerca queda el Museo de Arte Costarricense, con los artistas del país. Y lo más de lo más: este año se ha anunciado la construcción de un Barrio Chino, con la colaboración del gobierno de Pekín, que aportará un aire más cosmopolita a San José. Mientras tanto, acuda al Paseo Colón y su continuación, la Avenida Central, todo un hervidero diario que se cierra al tráfico los domingos para fomentar la conciencia ecológica. No se lo creerá cuando vea a un ejército de ticos en bicis y patines.

Datos útiles:

  • San José tiene algo menos de 300.000 habitantes, pero supera los 2 millones con su área metropolitana.
  • La ciudad se encuentra en la meseta central, rodeada de montañas. Sus temperaturas varían entre los 30 grados del verano y los 10 del invierno. La temporada de lluvia es entre mayo y noviembre.
  • La moneda de Costa Rica es el Colón costarricense.
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Foto | Randall Elizondo Lópezd.getElementsByTagName(‘head’)[0].appendChild(s);