El arte del tapeo en Triana

07/11/2012

Es sinónimo de flamenco, Semana Santa, toreo y buen tapeo, pero el tópico sevillano se queda corto. Hablar de Triana es hacerlo de un barrio con unas raíces tan profundas que los trianeros suelen decir que se sienten forasteros si cruzan el río Guadalquivir. El orgullo de pertenecer a esta zona impregna cada rincón de esta especie de república independiente, fundada por el emperador romano Trajano (nacido en la vecina ciudad de Itálica) y que ha parido a gente como Rodrigo de Triana (el primero en avistar América), los flamencos Lole y Manuel y el bailaor Antonio Canales. El acceso más famoso es el puente de Isabel II, de piedra y hierro forjado del siglo XIX, que llega a la Plaza del Altozano, donde nos encontramos con el monumento al flamenco, una estatua con traje de faralaes y guitarra. Si miramos a la izquierda veremos otra estatua: la del torero Juan Belmonte, también nacido en Triana. A lo lejos están la Torre del Oro y las torres de la catedral y de la Plaza de España como si pertenecieran a otra ciudad.

Las fachadas están llenas de macetas con flores, como las de la calle Castilla, de donde sale el callejón de la Inquisición, que va a dar al Paseo de Nuestra Seora de la O, a la vera del Guadalquivir. Sorprende la fachada dieciochesca de la Casa de las Columnas, ubicada donde antes se levantaba la Universidad de Mareantes, la institución que formaba a los marineros que partían hacia América durante los siglos XVI y XVII. En este barrio las vírgenes tienen mucho poder, como la Esperanza de Triana, ese mito de la Semana Santa custodiada en la Capilla de los Marineros. La ruta religiosa continúa para admirar otra gran talla, la del Cachorro o Cristo de la Expiración, en la Capilla del Patrocinio. Y al final también tendremos que visitar la Iglesia de Santa Ana, una de las más antiguas de la ciudad, erigida por Alfonso X El Sabio en el siglo XIII. Las nobles fachadas guardan exuberantes patios con flores. Vaya fijándose. Si no se atreve a meterse en ninguna casa, puede visitar el de la sala El Cachorro, un centro cultural donde se organizan exposiciones, conciertos, ciclos de cine y obras de teatro.

Uno empieza a salivar en cuanto salen esos olores de las cocinas. El tapeo de Triana es sagrado, así que tendrá que hacer una ruta: La Primera del Puente (pescaíto frito y coquinas), Sol y Sombra (rabo de toro), El Bistec (codornices) y La Blanca Paloma (bacalao al horno). Y como estamos en Andalucía, tierra de embrujo árabe, nos tomaremos un té en lugar de un café en la tetería Bagdad. Si hace buen tiempo, no olvide sentarse en las terrazas de la Calle Betis (llamada así no por el equipo de fútbol, sino porque éste fue el nombre que los romanos dieron al río Guadalquivir). Para la noche, tenemos en esta misma calle dos locales de moda y gente guapa. Son Vogart y Puerto de Cuba. No obstante, merece la pena un rato en Casa La Anselma, un tablao donde uno vibra con las bulerías y las rumbas. El momento mágico se produce a las 12 de la noche, que es cuando se entona la salve rociera. Se rendirá sin condición a las voces rotas que le cantan a la virgen.

Datos útiles:

  • Sevilla cerca de 700.000 habitantes y es la cuarta ciudad española.
  • Los inviernos son como los de ciudades mediterráneas, menos fríos que en la meseta, y los veranos extremadamente calurosos.
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