Una Stella con Tutankamon

21/11/2012

Es la gran megalópolis del mundo árabe. Su tráfico endiablado, su poco cuidado con la limpieza de las calles, su contaminación y su arena del desierto en suspensión (también dentro de sus ojos y sus fosas nasales) le darán la bienvenida. No se asuste, porque es la primera piel que hay que rascar en El Cairo. Bajo todo eso existe una urbe fascinante donde la Historia se ha enseñoreado. Aprendamos un poco sobre el pasado de todo el país en el Museo Egipcio, justo al lado de la Plaza de Tahrir, que hace unos años a nadie le decía nada y ahora es símbolo de la revolución y la democracia. Dentro del museo nos encontraremos monedas, sarcófagos, esculturas, estelas y todas esas piezas que aparecen en los libros de arte antiguo. Además, existe toda una planta dedicada al tesoro de Tutankamon.

Con la sensación de sentir que estamos en una tierra mágica, salimos y nos vamos directos al Cairo Islámico, que forma parte del Viejo Cairo, en la lista de los lugares Patrimonio de la Humanidad. Hay que visitar la enorme ciudadela (que aún hoy impresiona por su tamaño), las mezquitas de Hassan y la de Alabastro (ésta última de estilo otomano y con una gran cúpula central) y las puertas (o Bab) El Futuh y Zuwaila. Que no se le escape ningún detalle de los edificios, las piedras y la vida cotidiana. La calle Muiz es uno de los lugares que han sido renovados en los últimos años. Con todo, aún hay mucho trabajo por hacer en el Cairo Islámico.

Cambio de ambiente. Ahora nos meteremos de lleno en otra religión: el Cristianismo. El barrio copto recoge a parte de ese 10 por ciento de egipcios que son cristianos. Pasee por sus callejones y arcos y visite las iglesias de San Jorge (siglo VII), Santa María (siglo IV), San Pedro (siglo V) y la iglesia colgante, construida sobre las ruinas de la fortaleza de Babilonia. Después de aquí, apetece un paseo por el anchísimo río Nilo, flanqueado por rascacielos. Frente al Hotel Hyatt existe un pequeño muelle donde poder disfrutar de un paseo en falúa, la embarcación típica de Egipto. El Nilo abraza dos islas, una llamada Roda, y otra Gezira, donde se encuentra Zamalek, el barrio de la Ópera, las embajadas, las calles arboladas, las galerías de arte y los restaurantes más finos, que para un europeo no resultan caros. Y más callejuelas, esta vez en el mercado Khan el Khalili, del siglo XIV, donde podrá encontrar de todo y quedará maravillado con su bullicio y sus terrazas para tomar el té y fumar en cachimba, como el Café del Fishawy.

La visita a Giza, pegada a la ciudad, tiene que ocuparnos al menos unas 3 horas. Se le erizará el vello al ver de cerca las pirámides de Keops, Kefrén y Mikerinos y la famosa esfinge. El atardecer hay que contemplarlo desde lo alto de El Azhar, un parque nuevo e impecable, desde donde se divisa El Cairo sentado y envuelto en humos y polvo del desierto. Estamos en un país árabe, pero si tiene antojo de cerveza (aquí la marca es Stella), hay un lugar famoso: Café Horryia, cerca de Tahrir, un bar grande, kitsch y desvencijado. Territorio de extranjeros con los que compartir anécdotas de su viaje.

Datos útiles:

  • El Cairo tiene, junto con su área metropolitana, casi 18 millones de habitantes, lo que la convierte en una de las ciudades más grandes del mundo.
  • Su clima es árido, con veranos muy calurosos (por encima de los 35 grados) e inviernos muy templados (entre 18 y 25 grados).
  • No se recomienda tomar autobuses, debido a las aglomeraciones, pero sí el metro, muy nuevo. La mejor opción para moverse dentro de El Cairo es el taxi. Tendrá que negociar el precio antes de subirse, aunque en los últimos años están proliferando los taxímetros para que no exista ningún tipo de engaño.
  • La moneda es la Libra Egipcia.
  • Iberia vuela directo a El Cairo desde Madrid durante hasta con tres frecuencias semanales.

Foto | Travelling Pooh