Cuentos de vikingos

26/11/2012

Sentirse como un vikingo es fácil. No hace falta montarse en un barco y batallar contra el invasor, sino tomar un avión en dirección a Copenhague. En Dinamarca surgen por doquier paisajes donde el mar, el paisaje verde y las ciudades históricas se solapan hasta confundirse. Odense, a 147 kilómetros de la capital del país, se encuentra en la Isla de Fionia y presenta un núcleo urbano animado con sus fachadas de colores. Tras una de ellas nació el genial escritor Hans Christian Andersen, cuya casa-museo se puede visitar y admirar ediciones de La sirenita o El patito feo en diferentes idiomas, además de dibujos y manuscritos del literato. Entre encantadoras casitas de madera con minúsculas ventanas llegaremos a la esplendorosa catedral gótica de San Knud y el ayuntamiento, del siglo XIX. Surgen los callejones adoquinados y más casas como de enanitos, como las construcciones de la Aldea de Fionia, una especie de museo al aire libre donde se aprende cómo era la vida rural de la zona en los siglos XVI y XVII. Si viaja con niños, estarán encantados.

Al norte de la península de Jutlandia y partida en dos por un fiordo, el de Lim, se ubica otra ciudad con encanto: Aalborg. Comencemos por la Catedral de San Botulfo, del siglo XV, para continuar sorprendiéndonos con el ayuntamiento, barroco y amarillísimo. Vaya fijándose en las casas, que combinan ladrillo, madera y piedra antes de hacer una parada en el castillo, un edificio del que se pueden visitar su patio y sus mazmorras. Vuelta a la realidad exterior para coger un poco de aire caminando por el Kildeparken, el jardín más antiguo de Aalborg. Y luego, a sentirse como un niño subiendo y bajando de las atracciones del Tivoli, un parque de atracciones construido a semejanza de su homónimo en Copenhague. Los vestigios vikingos asoman en la colina Lindholm Hoje, donde encontraremos un cementerio con 700 tumbas  y los restos de una calle de un poblado. La noche hay que vivirla en la calle Jomfru Ane Gade, repleta de bares y gente joven.

Pero para cachondeo nocturno, nada mejor que Aarhus, ciudad Erasmus por antonomasia en Dinamarca. De día, lo mejor es tomar una bicicleta del sistema público e ir sorteando viandantes para conocer “la ciudad de las sonrisas”, que es como se conoce la urbe por la amabilidad de sus gentes. La elegancia salta a la vista en la plaza Store Torv y la catedral de San Clemens Kirke nos quitará la respiración. Pedalee siguiendo el agua del famoso canal y vaya encontrando lugares como el teatro, el museo vikingo y las casas burguesas de la calle de Skolegade. El sol se pone y los jóvenes se multiplican. La noche empieza tranquila en los pubs y se va calentando en discotecas como Train y Fabriken. Ojo porque a las 5 de la mañana puede que se encuentre atrapado en una calle repleta de gente con ganas de más fiesta. ¿Se dejará llevar por el alma vikinga?

Datos útiles:

  • Aarhus es la segunda ciudad más grande de Dinamarca tras Copenhague y tiene 243.000 habitantes. Odense tiene 167.000 y Aalborg, 123.000.
  • Dinamarca tiene muy diferenciadas las cuatro estaciones. Sus veranos son frescos y sus inviernos fríos, pero no tanto como los de otros países cercanos debido a la corriente cálida del golfo.
  • Iberia ofrece vuelos a Copenhague, en código compartido, cada semana. Los mejores precios, en www.iberia.com.

Foto | LDaugaard