El Caribe tierra adentro

23/01/2013

El Caribe no es solo resorts, pulseritas y una playa virgen llena de turistas. Para conocer de verdad la idiosincrasia de esta zona relajante del mundo hay que salirse de los caminos trillados. Nuestro destino es Puerto Rico, un país que por lo general no entra dentro de los programas de las agencias de viajes que ofertan relax al otro lado del globo. Mucho mejor, porque estaremos más tranquilos. En este post hablaremos de dos ciudades perfectas por su combinación de naturaleza, historia y amabilidad. Dos ciudades que contrastan con el bullicio de San Juan, la capital, y con la imagen prototípica que tenemos del Caribe. Éste es el Caribe normal de los caribeños. El Caribe sin mar. El Caribe tierra adentro.

Cayey. El agua brota sin parar. Cayey se ubica en medio de las montañas y la gran cantidad de manantiales, arroyos y ríos le dan vida. La naturaleza estalla por todas partes y el viajero ha de prepararse para caminar. Una de las rutas puede ser el Bosque de Carite, con frondosos pinos y una zona para acampar y hacer picnic. Si subimos (un, dos, un, dos) hasta los cerros de La Santa y del Torito el regalo será impresionantes vistas donde los colores verde y marrón se entrelazan de una manera mágica para disfrute del caminante. No existe mayor regalo que encontrarse de repente, y mientras el sudor nos cae de la frente, con el Charco Azul de Patillas, un embalse natural rodeado de un paisaje idílico. Báñese, descanse y túmbese a contemplar esta maravilla. Y continuemos con las montañas, porque las llamadas Tetas de Cayey nos hará sentir como si estuviéramos en otro planeta. Sienta el hechizo de este lugar rodeado por la leyenda, que dice que este lugar nació de las entrañas de la Tierra por el amor imposible entre un español y una taína en el siglo XVI. Créaselo o no, pero lo cierto es que lo ve con sus ojos es real.

Bayamón. Solo por sus chicharrones (carne de cerdo) merece la pena visitar esta ciudad situada en el valle costero del norte del país. Pero después de ponerse las botas, no se vuelva a San Juan porque Bayamón se encuentra en un proceso de transformación y ha multiplicado sus encantos. Basta un paseo por su centro histórico para visitar edificios como la elegante y antigua Casa Alcaldía, el Teatro Oller o el Museo de Arte Francisco Oller, artista local. Los niños lo pasarán en grande en el Parque de las Ciencias, un gran complejo que destaca por su observatorio natural y su colección de cohetes. Los mayores se sorprenderán con el Museo de Ciencias Naturales, con una colección de animales cazados por el escritor Ernest Hemingway, y el Museo del Teléfono, con un repaso cronológico y divertido por la historia de este invento en Puerto Rico. Y por último, hay que respirar aire puro en el Parque Lineal, que sigue el curso de un río y es ideal para pasear o montar en bici.

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