Caravaggio y las videntes de Milán

14/02/2013

¿Dónde se juntan las videntes que leen las manos y los jóvenes diseñadores emergentes? Sin ninguna duda, la respuesta es Brera, el barrio bohemio de Milán. La capital económica de Italia no tendrá la belleza exuberante de Roma o Venecia, pero tiene mucho por descubrir si una rasca esa primera capa de edificios austeros que la conectan con el centro de Europa. Brera es y sigue siendo el lugar al que se dirigen los artistas y amantes de la cultura. Tiene un aire pintoresco y una atmósfera slow, donde uno puede tomarse tranquilamente un aperitivo sin estar constantemente mirando el reloj.  Eso sí, si hace 60 años era un pelín más popular, hoy se ha convertido en chic. Con todo, sigue siendo más terrenal que el vecino Cuadrilátero de Oro.

Los vientos culturetas parten de la Pinacoteca de Brera, el museo más importante de Milán y una de las mejores colecciones de arte de Italia. En este palacio de los siglos XVI y XVII usted podrá admirar obras de Tintoretto, Mantegna, Piero della Francesca, Caravaggio, Canaletto, Tiziano, Rubens, Rembrandt… Una oportunidad única para escrutar de cerca lo que tantas veces ha visto en libros. Sólo con los cuadros nos podemos pasar horas, pero hay que reservar tiempo para otras partes del complejo, como la impresionante biblioteca, el observatorio astronómico, el jardín botánico, el precioso patio porticado y la Academia de Bellas Artes. Saliendo de allí y tomando callecitas empedradas, nos toparemos con multitud de galerías de arte que antiguamente fueron ateliers. Los restaurantes y las trattorias aparecen de la nada (dos ejemplos: Osteria di Brera y Victoria). Si es domingo, se encontrará con el mercadillo de antigüedades y libros. Si no, recupere la costumbre de mirar sin prisas escaparates. Lo mismo encontrará boutiques con ropa fresca que anticuarios, tiendas de decoración y pequeños talleres de juguetes antiguos. Por todo este bagaje Milán ha designado al barrio con el marketiniano nombre de Brera Design District. La creatividad también se muestra en el Piccolo Teatro, que llena de diversión las noches de Brera.

Entre los edificios elegantes del siglo XVIII y los numerosos cafés con terrazas también surgen iglesias, no se crean. La más antigua (paleocristiana, del siglo IV) es San Simpliciano, que organiza conciertos; la de L’incoronata se asienta donde antes de su construcción, en el siglo XV, había un prostíbulo; y la de San Marco esconde un fresco en blanco y negro de la escuela de Leonardo da Vinci. Pero para pinturas renombradas, ahí está La última Cena, del propio Leonardo, que se encuentra en el refectorio de la basílica de Santa Maria della Grazie. Maravillosa. En la calle se respira el aire trendy y cuando cae el sol, los bares se llena de jóvenes, hombres de negocios, turistas y fashion victims en busca de un aperitivo. Las hordas del after work más distinguido (futbolistas, modelos, diseñadores…) se dan cita en la vía Corso Como, pero las callejuelas ofrecen establecimientos más asequibles. Y con parroquianos menos estirados, la verdad sea dicha.

Datos útiles:

  • Milán tiene 1.307.495 habitantes y la mejor forma de recorrer su centro es en metro y a pie.
  • Sus inviernos son fríos, con posibilidad de nevadas, y los veranos, no tan calurosos como en Roma debido a su clima oceánico.
  • La moneda es el euro.
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Foto | batigolix