Turbulencias: os explicamos por qué se producen

04/12/2013

Nuestra intención hoy es hablaros de las turbulencias que se producen cuando volamos y por qué se producen, cómo pasarlas y cómo actuar en cada caso. Todos los que subimos a un avión estamos expuestos a ellas, y muchos de nosotros no podemos dejar de apretar los puños o los dientes cuando una turbulencia se cruza en nuestro camino.

¿Qué es técnicamente una turbulencia? El viento es el movimiento laminar en mayor o menor medida de las partículas del aire y la turbulencia se produce cuando este movimiento es desordenado y aparecen perturbaciones en forma de molinos. Las turbulencias son producidas como consecuencia de diferentes situaciones meteorológicas: las más comunes nubes de desarrollo vertical y en las cercanías de los cumulonimbos -con fuertes corrientes ascendentes y descendentes-; o la turbulencia en aire claro por el jet stream (que es una consecuencia de la corriente de chorro). Es una corriente muy fuerte de viento, que se origina en las capas altas de la troposfera e incluso en la capa baja de la estratosfera y que se extiende a lo largo de varios miles de kilómetros, con una anchura de cientos de kilómetros y un grosor de varios kilómetros. La velocidad varía entre 60 y 150 kms, pudiendo llegar hasta 200 kms.

También podemos oír hablar alguna vez de la «cizalladura» o el Wind shear, que es uno de los fenómenos meteorológicos que en mayor medida pueden afectar al vuelo de un avión: una variación brusca o muy brusca de la intensidad y dirección del viento, dentro de dos zonas muy próximas a una masa de aire. Los pilotos hacen simulaciones de vuelo, reproduciendo cizalladuras de gran intensidad. Pero la mejor defensa contra este fenómeno es no operar en aeropuertos con fuerte cizalladura. Los TCP’s no tienen más que asegurarse del uso del cinturón de seguridad cuando la señal está encendida, y estar atentos a las posibles instrucciones del copiloto.

Luego tenemos otro tipo de turbulencias, que son las generadas directamente por los aviones por los extremos de las alas. Consisten en dos grandes masas de aire cilíndricas donde las corrientes turbulentas giran de abajo hacia arriba. Estos remolinos son peligrosos solo para el avión que va detrás que el que acaba de despegar, tanto en ascenso, como aproximación y aterrizaje, ya que puede hacer que el avión que se encuentre detrás tenga un movimiento de alabeo muy forzado, pérdida de altura o variaciones de régimen vertical, y en casos extremos, y repito solo en casos extremos, esfuerzos estructurales.

Para acabar os vamos a explicar de qué manera una turbulencia puede afectar al pasaje y al avión. Si la turbulencia es débil, el avión notará ciertos movimientos ligeros, pero no variará su altitud y el pasaje notará una ligera tensión contra los cinturones y el respaldo del asiento. Los objetos se podrán desplazar ligeramente, pero vereis que la tripulación de cabina seguirá trabajando con normalidad sin darle la menor importancia

Cuando la turbulencia es moderada, el avión notará un cambio de actitud y de altitud pero casi inapreciable. Podría llegar a variar un pelín la velocidad. La tensión del cinturón sería más fuerte, los objetos se desplazarian con más brusquedad y veríamos que a la tripulación ya le costaría andar por los pasillos del avión.

Si ya la turbulencia es fuerte o severa, se notarían grandes cambios de altitud y de actitud, y originaría una gran variación en su velocidad. De cara al pasaje, lo mejor, es mantener la calma. ¿Os habéis visto alguna vez en una de éstas? Contadnos cuál fue vuestra experiencia en una turbulencia.

Foto | Mark Harkin

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