Tel Aviv es algo bueno

23/01/2014

Tel Aviv rascacielos BQuerido diario: siento que este día en Tel Aviv va a ser algo bueno. Y todo, gracias al factor sorpresa.

Vivir un amanecer en Tel Aviv es algo así como una catarsis. Observar cómo el oscuro de las calles se viste con colores luminosos y la manera en la que una ciudad tan vibrante va cobrando sentido es algo difícil de explicar. ¿Cómo destilar, en una sola crónica, la esencia de un destino que te da tanto?

Es temprano. Al fondo de las calles laterales la playa se asemeja a una ilusión óptica, cual fata morgana del amanecer. La ciudad se sacude la pereza. Paseo marítimo arriba, paseo marítimo abajo, atravesamos una sucesión de agradables playas urbanas de lo más cuidadas. La proximidad al mar de Tel Aviv invita a crear. En rincones como Gordon Beach, la energía que se respira es brutal: cabecitas de surferos en el mar bravo, gente paseando, corriendo, montando en bici, practicando yoga en la arena y un ambiente de primera línea que enamora.

Hora del desayuno. Apetece elegir bien el lugar para degustar esta primera oportunidad gastronómico-creativa del día… ¡que siente cátedra! Por suerte, elegimos bien: la terraza del Landewar café (03 5230010), en plena Marina de Tel Aviv, tiene un punto vintage mono (mono).  El segundo factor sorpresa del día llega con las porciones, que son enormes. En Tel Aviv deben de ser muy felices, porque un estómago lleno es un estómago feliz. Ese brunch tiene mucho arte y, sin duda, nos ayuda a entender de donde sacan fuerzas para empezar el día con energía y marcarse ese estilo de vida tan saludable.

Tenemos la mañana por delante. A pesar del atracón, aun nos queda hueco para un postre de diseño, arquitectura y arte con cobertura de buen gusto. Y es que la vieja Yafo (la ciudad antigua), ahora un punto en el horizonte, queda a un paseo por la playa, con Sol brillante y brisa marina incluidos.

En la mítica Yafo nos topamos de bruces con la interesante zona del mercado de las pulgas, que invita a callejear por sus tiendas en busca de más momentos wow. Un ejemplo de inventiva es la perfumería Zielinski & Rozen (+972 54-7740566, 10 Rabbi Pinchas st. Jaffa’s Flee Market). En esencia es un concepto de lo más imaginativo: diseñar juntos un perfume personalizado. Entre estanterías repletas de maravillosos frascos de cristal te van dando a oler fragancias puras hasta que creas algo único. ¿Qué mejor manera de regalar un factor sorpresa?

Llega el mediodía. Estamos en el mirador del Abrasha Park, con sus vistas maravillosas sobre la ciudad. Es la antesala de otro momento sorprendente muy cercano: el Museo de Ilana Goor (Rua Mazal Daguim, 4). Una joya arquitectónica y obra de arte en sí misma, con impresionantes vistas al mar. A parte de ser residencia de la artista, alberga una curiosa colección de más de 500 obras. Nos parece un lugar impregnado de un eclecticismo mágico, reflejo de una creadora multidisciplinar e individualista, autodidacta e internacional.

¿Y qué decir del pequeño y pintoresco Puerto de Yafo, considerado el más antiguo del mundo? Allí entramos en el moderno edificio del mercado, con su estimulante oferta culinaria. De nuevo, la gastronomía nos llama y en esta ocasión es el restaurante Kalimera (03 6823232) el que escucha la llamada y nos la sirve en bandeja.

La tarde avanza. De soslayo miramos con ganas el cercano y encantador barrio de Neve Tzedek, de camino entre Yafo (el barrio antiguo) y Tel Aviv (el centro de la zona nueva). Intuimos el brillo de su calle Shalom Shabazi, animadísima gracias a modernas tiendas y singulares restaurantes. O su Centro de Danza de Suzanne Dellal y el Teatro Cameri, uno de los dos mayores de Israel y antaño una escuela en la que se enseñaba el nuevo hebreo.

Pero no queremos que nada nos desvíe del gran factor sorpresa del día, uno que tiene que ver con la arquitectura más creativa. Por eso giramos hacia Yavne Street y nos preparamos por fin para descubrir algunas de las 4.000 casas Bauhaus que se esconden en Tel Aviv. ¿En una palabra? Alucinamos. Habíamos leído algo sobre las casas blancas de esa ciudad pero no imaginábamos ni por asomo que hubiera tantas. Recorrer sus curvas con la vista impone y, como con un amanecer junto al mar en Tel Aviv, hace que el concepto de unir y crear comunidad cobre sentido. Casas blancas y decadentes en algunos casos, fruto de la democratización de ese estilo arquitectónico.

Cae la tarde. Empachados de factor sorpresa nos vamos andando hasta Hillel Hazaken. La oferta de cocina internacional es inmensa y barata (se puede comer bien por 5 euros). Pero la curiosidad nos lleva al corazón del mercado Carmel, otro rincón estimulante de Tel Aviv, donde constatamos que a veces en la sencillez radica la gastronomía creativa. Porque un delicioso zumo de granada recién exprimido o el mejor humus de Tel Aviv puede esconderse en Carmel y costar 2,5 euros. Casero, sin lujos y sabroso.

Anochece. Con el sabor de un día intenso en la boca, es momento de dormir plácidamente. Tel Aviv rompe mitos y, aunque se siente con un punto justo europeo, es su exotismo el que nos hará enamorarnos de ella.

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