El Londres más creativo

27/02/2014

Photographer's galleryIt´s all about choices. Eso afirman los ingleses, que todo en la vida va sobre tomar decisiones. Y así es como muchos nos sentimos cuando, sentados frente al mapa de Londres, nos llega el turno de elegir qué hacer (y no hacer) en esa abrumadora ciudad.

Los que confiamos en la mayor área urbana de la Unión Europea, sabemos que tiene un auténtico don: que nunca deja de sorprendernos. Porque sabe hacerlo bien y porque siempre se guarda secretos que sólo desvela si le dedicamos tiempo, cariño y le guardamos fidelidad. Es una chica lista.

Uno de los atractivos que a todos nos conquista es ese enorme torrente creativo que corre por sus venas. Londres deslumbra por ser esa ciudad en la que das una patada y salta algo creativo y, por ende, zonas como Hackney son sinónimo mundial de tendencias, de Banksy, de rollito alternativo. Pero, ¿qué pasa con aquellos barrios más clásicos, más discretos, como Westminster o la City? Pues que de antiguos, señoras y señores, no tienen nada. Y si no, que se lo digan a sus espacios jóvenes y vivos, auténticos aglutinadores del hervidero creativo.

Westminster es ese barrio elegante y céntrico que muchos conocen por Oxford Street, el paraíso de las compras. Pero paseando por sus calles pasan cosas curiosas. Como que en el número 66 de Portland Place te llame la atención un edificio muy interesante. Y que decidas asomar la cabeza y entrar sin miedos, porque esto es Londres y aquí nadie te observa. Y que te sientes en el hall del Royal Institute of British Architects y te percates de que todo a tu alrededor es fashion: las lámparas del techo, las pantallas de ordenador, el sinuoso y plateado mostrador de la entrada… Y que pienses lo interesantes que son las exposiciones que se avecinan, su café y, especialmente, su tienda (imposible salir de ahí sin uno de sus libros de diseño o arquitectura). Y eso no estaba planeado. Y por eso Londres mola tanto.

Tomemos como ejemplo una de sus calles, una cualquiera: Great Titchfield Street. Veremos que sus números están ocupados por agencias de talento, empresas de moda, boutiques exclusivas (Oui, 89) o peluquerías fashion (The King’s Canary, 81). Y es que entre todas esas casas victorianas se respira creación y gente guapa.

Hablando de gente guapa… ¿Y dónde comen? La encontraremos en Scandikitchen, un local pequeño y alegre de cocina escandinava (61)  o en The Riding House Café (43, 51), con su formato más grande y diáfano. En esencia es la misma clientela, con un toque más moderno la primera y más pijo, la segunda.

La calle también tiene espacio para el diseño del hogar. Uno puede morir de amor en tiendas como Republic of Fritz Hansen (13), el paraíso de la decoración de autor o en la interesante Material Lab (10), que se autodefine como ‘espacio para conocer las tendencias y la innovación’.

Al final de la calle, como no, acabaremos topándonos con Oxford Street. Pero sólo de paso porque, escondida en un callejón, se halla una auténtica joya: la imponente Photographer’s Gallery, antaño aquel diminuto local en Covent Garden que con el tiempo se ha hecho mayor. Aquí se cocina vanguardia y en el acogedor café de su hall se mezclan conversaciones grandilocuentes sobre proyectos artísticos. No olvidemos que la escena de Londres va en serio y que el vecino de mesa (la democracia de los cafés en esta ciudad es fascinante), con aspecto retraído, puede ser el próximo Damien Hirst o artista rebelde de turno.

Es curioso. En sus galerías, la densidad de fauna moderna por metro cuadrado es muy alta y uno divide su atención entre las fotos de Warhol, William S. Burroughs o David Lynch (que colgarán de sus paredes hasta el 30 de marzo de este año) y el fascinante look de los que le rodean.  Lógico, porque son cinco plantas de buena fotografía. Y todo a un paso de los grandes almacenes Liberty, mucho más clásicos pero que también albergan cosas bonitas (su sección de papelería es para enloquecer). ¿Que las compras salvajes abren nuestro apetito? Una opción es acercase a la mítica calle Carnaby, paraíso de tiendas, pubs con solera y pequeños restaurante perfectos para picar algo, como León (comida rápida natural), Flatplanet o Kua ‘Aina, la legendaria hamburguesería hawaiana que ha aterrizado en Londres. Para los amantes de lo asiático, mejor el algo más formal Ping Pong, que comparte sección de calle con un tienda que los amantes de la música adorarán: la pintoresca the Scotch Music Shop.

Digamos adiós a Westminster y hablemos de una zona de ejecutivos: la City, conocida por ser un centro mundial de finanzas. ¿Suena poco estimulante para los sentidos? ¿Y si nos dicen que, escoltado por impresionantes rascacielos, su corazón acoge el centro de artes disciplinares más grande de Europa? Por eso conviene reponer fuerzas antes y una buena opción económica es el Pret (saliendo del metro de Barbican, a la derecha). Una cadena de ‘comida rápida natural hecha a mano’ que apuesta por darle un giro sano a todo lo que sirven.  ¿Un posible menú? Zumo de equinácea detox, un delicioso sándwich de pollo y aguacate (son sus especialidad) y una bolsa de crujiente verdura para picar.

Acudir al Barbican Centre significa quedarse atrapado por su encanto. Es un complejo enorme y vivo que ofrece exposiciones, música, teatro, danza y eventos de aprendizaje creativo, todo de primer nivel…, ¡hasta tiene salas de cine! Uno de esos lugares en el mundo que te hace sentir en casa. Los propios londinenses así lo afirman y por eso la gente acaba mimetizada con su mobiliario, acomodada en sus numerosos rincones. Es un edificio interesante, laberíntico y cargado de historia. Para conocerlo mejor organizan visitas semanales en las que explican su singular arquitectura de estilo brutalista, cargada de hormigón y que no deja indiferente. En 2005, el complejo experimentó una completa reforma de las circulaciones y la señalización, que fue reconocida con el Premio del RIBA.

El primer fin de semana de marzo celebrarán el Barbican Weekender, en el que explorar la imagen y la identidad a través del arte y la tecnología. Sugerente, ¿verdad? Además, en su espacio The Curve se está gestando el proyecto Momentum, una instalación perfectamente coreografiada de luz, sonido y movimiento. En resumen, se avecinan exposiciones muy potentes (su folleto de actividades para marzo tiene 38 páginas, ¡ahí es nada!).

Si conseguimos abandonar el Barbican Centre, porque nos costará, estaremos a un paso de la Catedral de San Pablo y, de ahí, a un paseo de la Tate Modern. Desde aquí, mejor que cada uno decida su rumbo. Seguro que siendo Londres, el camino será apasionante.