Nos vamos a la Killer Heels

18/12/2014

Heels

Punta, tacón, punta, tacón… Y así como quien no quiere la cosa llegamos al Museo de Brooklyn en Nueva York.

Y nos adentramos en una exposición de vértigo y altura. Nunca mejor dicho. La Killer Heels rinde homenaje hasta el próximo 15 de febrero, al tacón, ese elemento de la vestimenta -generalmente femenina- tan poderoso. Sí, sí, poderoso, ¡habéis oído bien! El zapato de tacón no solo ejerce como mero zapato, sino que además es en muchas ocasiones una especie de arma. Así pues, podemos decir que los tacones ejercen también de arma social, política, artística y hasta erótica. Sus roles a lo largo de la historia han sido muchos. Así se han convertido en símbolos no solo de moda, también de poder y de deseo. Hasta la fecha. Por eso, ¿qué mejor idea qué una exposición plenamente dedicada al zapato de tacón?

En la exposición  Killer Heels os encontraréis con un recorrido a lo largo de la historia del zapato. Partiendo del siglo XVI y llegando hasta nuestros días. Podréis ver desde chapines -unas plataformas de corcho que elevaban a las mujeres más progresistas y transgresoras de la Venecia del siglo XVII, cuya supuesta finalidad era alejarlas de la trivialidad terrenal- hasta los zapatos más inn de este nuestro siglo -los del diseñador canario Manolo Blahnik pueden ser el ejemplo perfecto-.

Una vez finalizada la exposición saldrás con una imagen renovada y mucho más abierta del tacón. Si nunca antes lo habías pensado, ahora lo harás. Pensarás en la importancia que esta pieza ha ejercido y ejerce en la sociedad mundial. Alcanzarás el objetivo de Lisa Small, comisaria de la muestra: “me gustaría que las personas que vienen a visitar esta exposición pensando que los tacones altos son simplemente parte del vestuario normal, descubran que a través de ellos podemos entender parte de nuestra historia. Los tacones altos pueden contarnos historias sobre género, sobre clases sociales, sobre mercado. Son objetos que pertenecen a nuestra cultura. Es un placer poder admirarlos”.

Ahí es nada.

Foto | John St John