Los salvajes acantilados de Moher

09/02/2015

MoherLos acantilados de Moher son uno de los paisajes más famosos de Irlanda. De hecho, la mayoría de las guías de viaje de Irlanda tienen una fotografía de los acantilados como portada. Y es que sólo ver las imágenes que hay de ellos, uno siente lo espectacular del lugar, lo salvaje y sublime de la naturaleza. Sin duda, y aunque en irlandés, Aillte an Mhothair, significa “acantilados de la ruina”, los acantilados de Moher son uno de los escenarios de Irlanda que no debes perderte. Vaya, que si te lo pierdes, eso sí será una ruina de viaje.

Los Acantilados de Moher se encuentran en el Condado de Clare, muy cerca de Dublín (se pueden visitar los acantilados en una excursión de un día saliendo bien temprano por la mañana), y a tan sólo 75 kilómetros de la bella ciudad de Galway.

Los Acantilados de Moher discurren a lo largo de 8 kilómetros llegando su punto más alto a los 214 metros sobre el Océano Atlántico, justo hasta O’Brien’s Tower, la torre circular que sirvió de mirador ya en el siglo XIX. Se trata de todo un espectáculo ver las paredes negras de roca caliza de los acantilados bajar verticales hasta el océano, donde rompen las olas, los entrantes y salientes, lo abrupto de su línea costera que cormoranes y frailecillos del atlántico sobrevuelan, el verde de los prados… Todos, elementos de una perfección pictórica que podría ser un cuadro romántico.

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Uno pensaría que alcanzar tal belleza natural se hace tras una larga caminata por zonas de difícil acceso y llenas de peligrosos pasos por el vacío, pero nada más lejos de la realidad. Como en la mayoría de espectáculos naturales de Irlanda, hay infraestructuras que posibilitan a todos los públicos el acceso. En los Acantilados de Moher hay un centro de visitantes, un moderno edificio con instalaciones cómodas donde podrás disfrutar de exposiciones y audiovisuales, totalmente integrado con el paisaje, dentro de la colina, como corresponde a la atracción natural más visitada de la isla (hasta un millón de visitantes cada año). Desde el centro de visitantes parte un sendero que recorre unos ochocientos metros de cornisas de los Acantilados de Moher.

Su belleza salvaje es tal que han servido como escenario de muchas y célebres películas como The Princess Bride de 1987 o, más recientemente en una de las entregas de la saga de Harry Potter. También han servido de escenario para muchos vídeos musicales de artistas de reconocido nivel mundial.

Si quieres una perspectiva diferente de los acantilados, también es posible verlos desde el mar, pero para ello hay que desplazarse al cercano pueblo de Doolin y contratar alguno de los tours organizados que parten en embarcación desde allí y que tienen una hora aproximadamente de duración.

Y una última cuestión, dado que es una zona donde el clima es muy cambiante, mejor ten la precaución de llevar algún impermeable a modo de protección contra la lluvia (mejor que un paraguas que corre el peligro de salir volando). Ya sabéis, está bien disfrutar de la belleza salvaje de los Acantilados de Moher, pero con precaución y cómodos.