La manquita de Picasso

10/07/2015

Los guiris la han conocido siempre por su sol, pero Málaga, una ciudad grande y dinámica, es mucho más que playa. No sigan leyendo si no quieren desligarse del tópico. En medio de una franja litoral que es sinónimo de medicina para alemanes e ingleses surge esta urbe andaluza y mediterránea que desde hace unos años se está transformando y a la que llegan, de refilón y como parada casi obligada, los muchos visitantes que atrae su vecina y afamada Marbella que, dicho sea, acoge el día 18 la gala de los Premios Platino, los Oscar latinoaméricanos. Muchas estrellas brillarán en esta zona (y podéis volar con un 10% de descuento).

Lo mejor para comenzar a conocer Málaga es subirse al Monte Gibralfaro, donde se encuentra la alcazaba árabe, el castillo y el parador de turismo. Allí en lo alto, uno contempla unas impresionantes vistas: la estampa típica de la plaza de toros, las arboledas y parte del centro histórico.

Bajemos en dirección a la Plaza de la Merced, donde podemos visitar la casa en la que vivió Picasso. Uno se queda con ganas de saber más sobre el genial pintor malagueño. Está de enhorabuena porque desde 2003 se ubica en el Palacio de Buenavista el Museo Picasso Málaga, justo encima de restos romanos y fenicios. ¿Quiere más arte? Perfecto: puede caminar hasta el CAC (Centro de Arte Contemporáneo), donde uno disfruta con las últimas tendencias creativas.

Este sol le pone a uno de buen humor. Riámonos un rato con las ocurrencias de los malagueños en El Pimpi (Calle Granada, 62), una bodeguita como las de antes donde uno puede escuchar palos del flamenco como verdiales o malagueñas. Pase de cerveza, aquí lo que pega es un vino dulce de la tierra. Luego pasearemos por la calle Alcazabilla para ver el teatro romano y nos dejaremos caer por el Teatro Cervantes, epicentro del festival de cine de la ciudad. Ahora llega una de las fotografías más impresionantes: la de la catedral, una orgullosa mole de piedra del siglo XVI a la que le falta una de las dos torres y por eso la llaman “la manquita”. Allí mismo está también el Palacio Episcopal, el Palacio de Zea Salvatierra y la Iglesia del Sagrario. Piérdase por las callejuelas con casonas y grandes balconadas, que nos hablan del siglo XIX, cuando Málaga se convirtió en un emporio marítimo. La calle Granada nos maravilla con sus tiendas de artesanos y la Iglesia de Santiago, cuyo campanario formaba parte de la antigua mezquita. La calle Larios es una celebración de la vida con sus comercios. Merece la pena descansar un rato en el Café Central.

Ya estamos más cerca del mar. La Alameda Principal y el Paseo del Parque nos refrescan con su exultante vegetación. Vayamos a la playa de La Malagueta y sentémonos en algún chiringuito a comer pescaíto frito y espetos de sardina. Comida simple pero difícil de igualar en sabor. El Mediterráneo está tranquilo, así que lo más seguro es que apetezca un baño. El atardecer hay que verlo en otro tramo de la costa menos multitudinario, como la playa de los Baños del Carmen. Los tonos rojos, naranjas, rosas y amarillos le conectarán con su yo interior.

Datos útiles:

  • Málaga tiene algo más de medio millón de habitantes y es la sexta ciudad más poblada de España.
  • El clima es auténticamente mediterráneo: inviernos livianos y veranos no demasiado calurosos, aunque la humedad es alta. Cuenta con uno de los mejores climas de la Europa continental, con más de 300 días de sol al año.
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Foto | yannboix

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