Santiago de Chile, ¿qué hacemos hoy?

16/06/2016

Casa Museo La Chascona

Chile es un viaje de muchas, muchas emociones. Chile es un universo de estampas inolvidables, de piezas de un viaje con las que se construye un puzle colorido e imborrable. Chile es la suma de retazos de momentos, de paisajes humanos y de estampas costumbristas al otro lado del mundo, como la de un hombre de Chiloé que, brocha en mano (brocha que ha absorbido ya muchas cosas), recubre de color turquesa la piel de un desvencijado barco; o la de una garbosa niña, su fiel gato y la silueta de ambos recortándose sobre el fondo de una casa perdida en el remoto Cochamó… En definitiva, Chile son inyecciones de vida, ¿acaso no viajamos para eso? ¿Acaso no buscamos sentir que el destino nos ha llevado a un lugar cuyo territorio de otra manera nunca hubiéramos pisado?

Volar a Chile es magia.

Y el origen de todo ese abracadabra, el lugar de donde todas las rutas por el territorio confluyen, no es otro que nuestra querida Santiago de Chile. El país es y ha sido nido de artistas, de entre los cuales dos alzaron un día el vuelo, dejando en el mundo un reguero de creaciones, noches de lectura y mucha devoción. Nos referimos a ella y a él, a Gabriela y a Pablo, a los Nobel Mistral y Neruda, a dos maestros en la vida y en la composición de letras que tornan palabras que tornan frases que tornan deleite.

Pablo Neruda y Santiago de Chile

Cualquiera que haya leído las memorias de Neruda conoce de lo original intenso movido de su existencia y sus periplos. Vivió a su manera, de lo cual su hogar en Santiago de Chile es fiel reflejo. La casa museo La Chascona es un singular universo de excentricidades, en forma y fondo. Encaramada allí, en las alturas del barrio Bellavista, duerme a los pies del funicular que, a golpe de traqueteo, transporta sin descanso a fieles, deportistas, paseantes y curiosos hasta el majestuoso cerro San Cristóbal, el espacio verde más grande de la ciudad y uno de tantos pulmones con los que la urbe trata de oponer resistencia al titán gris que en ocasiones, se entretiene rodeando Santiago e intentando sofocarla.

La Chascona, desde su posición privilegiada, lo domina todo. Quizá por eso, o porque su dueño era un devoto del mar, o porque parecía un tipo bastante dominante, el poeta eligió darle forma de faro a su comedor. Un comedor que contaba con una puerta escondida por la que, cual prestidigitador, Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto recogía su persona, con todos sus nombres y apellidos, se desvanecía sigilosamente tras el muro, y se echaba algo tan mundanal como una siesta, dejando así desconcertados y huérfanos a sus invitados (bueno, al menos a los que no sabían ya de sus singulares maneras).

La Chascona es la casa de todo un personaje, el lugar donde un grande vivió intensamente. El recorrido por sus muros encalados de amor prohibido da para un par de horas, tras las que vale la pena subir al Parque Metropolitano Cerro San Cristóbal, pasear y disfrutar de las vistas. Igualmente, vale la pena regresar a la Plaza Caupolicán, perderse por el barrio y comer, beber, ver y reír en cualquiera de los restaurantes chilenos de la calle Constitución y alrededores, entre los que Azul Profundo es un conocido ejemplo.

Gabriela Mistral y Santiago de Chile

El GAM nos lleva hasta la Alameda del Libertador O’Higgins, el centro mismo de Santiago de Chile. La poetisa Gabriela era todo personalidad, mujer de mundo y sensibilidad. Pues bien: lo mismo se puede decir del centro artístico que la ciudad abrió en su nombre. Un edificio grande y llamativo que con su cubierta monumental y transparente logra sumar puntos para el equipo urbano de Santiago de Chile, una ciudad de lo más creativa. Un gran pez colgado del techo nos saluda al sumergirnos en el espacio central del GAM, “centro de las artes, la cultura y las personas” que ciertamente lo es. Por algún motivo bien pensado por el arquitecto Cristián Fernández y la oficina Lateral Arquitectos, el GAM apetece a todas horas. Por la mañana, porque uno pasa por allí y, ya que está, se conecta al wifi gratis, o visita sus exposiciones. Y por la tarde, porque sus “cajas o recipientes” se llenan de música, danza o algo de teatro. Todo abierto al ciudadano, todo cercano, todo muy Gabriela Mistral.

En definitiva, Santiago de Chile es el principio de todo, de un gran viaje de los sentidos por el sur de América. La propuesta es sentir el Chile de dos grandes: Pablo Neruda y Gabriela Mistral. Construiremos el relato a través de los dos espacios de la capital que más les representa: la Casa Museo “La Chascona” y el “GAM”, el centro de las artes, la cultura y las personas.

Casa Museo La Chascona

Fernando Márquez de la Plata 0192

Centro Gabriel Mistral (GAM)

Avenida O’Higgins 227

Foto| Marita Acosta

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