Y hoy comemos… ¡en un museo!

27/07/2016

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Si eres de los que piensan que en un museo sólo se pueden contemplar pinturas, exposiciones fotográficas y performances, ha llegado el momento de que cambies el chip: ¡aquí también se viene a comer! En las últimas décadas han aflorado diversos museos en Europa en los que se aborda la gastronomía desde un punto de vista didáctico, divulgando las bondades de los productos estrella propios de un país o región. Estas visitas combinan una parte histórica con otra vertiente más lúdica, logrando así una simbiosis perfecta; si a eso, además, le añadimos la posibilidad de saborear las recetas al final del recorrido, el resultado acaba siendo inmejorable.

Hoy realizaremos una apetitosa ruta por los mejores museos gastronómicos de Europa, los hay para todos los gustos. ¿Nos acompañas?

Museo de la Currywurst, en Berlín (imagen principal). Quién le iba a decir a Herta Heuwer, la inventora del plato, que su salchicha con salsa de tomate y curry pasaría de venderse en los típicos Imbiss a exhibirse en un museo: aquí tendrás la oportunidad de conocer sus apariciones en cine y televisión, los mejores puestos callejeros de la ciudad y una cámara de las especias para dejarte guiar por los olores. Por supuesto, también podrás probar la currywurst in situ, incluso en su original variante vegetariana. Aunque ya comentamos que no todo en la gastronomía en Alemania giraba en torno a las salchichas, se trata de una manera muy divertida de acercarte a su plato más internacional.

Museo de la pasta, en Roma. Tratar de concebir Italia sin un buen plato de pasta es una tarea casi imposible; hablamos, no en vano, del ingrediente patrio por antonomasia. En este museo descubrirás cómo se desarrolla todo el proceso desde el campo hasta la mesa: la recolección del grano, su protocolo de producción (combinando maquinaria primitiva con otros enseres más modernos) y la manera correcta de cocinar cada variedad. Te acabará sorprendiendo la cantidad de tipos que existen. ¿Lo mejor? Su Sala Nápoles, en la que se muestran fotografías de italianos ilustres degustando apetitosos platos, y aquélla que muestra la estrecha e histórica relación entre el cine nacional y la pasta.

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Museo de las patatas fritas, en Brujas (arriba). Sí, lo reconozco: fue uno de los lugares que más ganas tenía de conocer antes de visitar este país. Las patatas fritas son un orgullo nacional en Bélgica, podríamos afirmar que su plato estrella, por lo que era cuestión de tiempo que surgiera una iniciativa así; un recorrido por la historia del producto, decenas de artilugios antiguos que se utilizaban para su preparación y consejos sobre cómo elaborar la patata perfecta conforman los elementos centrales del museo. Será el momento ideal para saborear las famosas frietjes belgas y acompañarlas, por ejemplo, con un poco de la riquísima salsa andalusí. El edificio en el que se ubica, del siglo XIV, es otra obra de arte.

Cuevas del queso Roquefort, en Francia. Su grandeza radica en dos aspectos diferenciados: de un lado, por el enclave donde se ubica, en unas cuevas subterráneas creadas por la naturaleza y perfectas para la proliferación del hongo que otorga al producto ese sabor y color tan característico; de otro, porque descubrirás de primera mano los secretos del queso azul más famoso del mundo. A sólo un par de horas desde Toulouse, en las Caves Roquefort Société (las mayores y más antiguas) te mostrarán la manera en que se prepara este producto tan peculiar, contemplarás cómo trabajan los maestros artesanos y descubrirás cómo se formaron las cuevas a través de una maqueta animada. La panorámica de los miles de quesos en fila te dejará con la boca abierta… ¡justo para saborearlos! ¿Un consejo? Lleva ropa de abrigo.

Museo de la cerveza Pilsner, en Pilsen. La República Checa siempre ha sido un destino especial para los amantes del líquido elemento, pues fue aquí donde se inventó la cerveza tipo pilsner, una de las más consumidas del mundo. Este museo realiza un completo repaso a la historia cervecera de Pilsen desde la Edad Media hasta la actualidad, abordando el proceso de selección de los ingredientes, sus estrategias de producción y la cocción de los cereales; especialmente interesantes resultan el recorrido por los túneles subterráneos de la ciudad y los consejos de expertos para servir una buena cerveza. No faltará la cata durante la vista, claro está. Na zdráví (salud)!

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Centro de Interpretación Olivar y Aceite, en Jaén (arriba). Hay pocos productos que definan tan bien a la gastronomía española que el aceite de oliva, santo y seña de la dieta mediterránea. En la provincia de Jaén, capital mundial del oro líquido, encontramos este centro de interpretación en el que aprenderás a diferenciar las diferentes variedades usando tu gusto y tu olfato, conocerás el proceso de elaboración desde el olivar hasta la cocina y descubrirás los múltiples usos que este valioso producto tiene en nuestra vida diaria; el itinerario se completa con una muestra de aperos de labranza y utensilios agrícolas utilizados para la producción. También se organizan catas de aceite de oliva y talleres de maridaje, todo ello alrededor de un entorno que combina elementos interactivos con la naturaleza más pura.

Schokoladenmuseum, Colonia. Qué mejor forma de poner la nota dulce a nuestra ruta que con este centro dedicado en cuerpo y alma al chocolate. Su fuente gigante de la entrada ya supone un prometedor presagio de lo que encontrarás en su interior: varios kilómetros cuadrados en los que se explica de manera didáctica la historia del cacao, maquinaria y utensilios que se utilizaban antiguamente para su preparación y un paseo por la amplísima variedad de formas y texturas que puede alcanzar este sabroso producto. Por supuesto, no te irás del Schokoladenmuseum sin crear y degustar tus propias figuras de chocolate, una experiencia única. Se encuentra entre los diez museos más visitados de Alemania. ¡Déjate levar por la tentación!}