Meissen, símbolo de porcelana y vino en Alemania

10/11/2016

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Comenzó siendo un pequeño asentamiento de origen eslavo, pero el paso de los años ha convertido a Meissen en una coqueta ciudad bañada por las hermosas aguas del río Elba; su población actual gira en torno a los 30.000 habitantes. Durante siglos fue epicentro de importantes acontecimientos en la historia teutona, pero su fama internacional radica, sin duda, en haber sido aquí donde se produjo la primera porcelana de Europa en 1710. Su reputación y distribución se vio seriamente afectada durante el dominio soviético tras la II Guerra Mundial, pero desde 1990 la porcelana de Meissen ha vuelto a ocupar su lugar privilegiado y sigue siendo una de las grandes atracciones de la ciudad.

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A poco más de dos horas de Berlín y a escasa media hora en coche desde Dresden, la capital del estado de Sajonia, Meissen (escrita ‘Meiβen’ en alemán) se ubica estratégicamente entre grandes extensiones de viñedos y está dominada desde lo alto por un asombroso castillo y por su famosa iglesia gótica. Puedes comenzar la visita por el casco viejo y caminar por sus calles hasta llegar a la histórica Marktplatz (arriba), un enclave inmejorable para sentarse a tomar una cerveza o una copa de vino del terreno y disfrutar de la sabrosa (y abundante) comida regional. Durante el recorrido por el centro resulta especialmente llamativa su arquitectura medieval con tejados a dos aguas, gracias a sublimes edificios como la gótica Frauenkirche (Iglesia de Nuestra Señora), que alberga un original carrillón de porcelana, o el Museo de la Ciudad de Meissen, asentado en un antiguo monasterio franciscano de la Heinrichplatz: además de exposiciones de carácter histórico, es posible contemplar aquí una buena cantidad de piezas hechas en esa porcelana de fama mundial.

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En la Colina del Castillo se encuentran casi abrazados los dos principales monumentos de la ciudad, las históricas sedes de los poderes político y religioso. La primera fortaleza de Meissen fue construida en el año 929, aunque el Castillo de Albrechstburg que vemos en la actualidad se edificó como residencia para una pareja de príncipes en la segunda mitad del siglo XV: como curiosidad, está considerado como el más antiguo de Alemania. Llaman poderosamente la atención sus escaleras construidas en estilo gótico tardío y sus cámaras abovedadas (arriba), algunas de ellas adornadas con tapices y/o pinturas que representan las escandalosas historias propias de la corte.

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Justo a su lado se alza imponente la Meissner Dom (arriba), una de las catedrales más pequeñas de Europa (debido, entre otras razones, a lo limitado del espacio en lo alto de la colina): se construyó entre 1260 y 1410 en un deslumbrante estilo gótico; todavía hoy día sigue siendo la sede del obispado de Sajonia.

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Fue en una de las habitaciones del Castillo de Albrechtsbrug, por cierto, donde se inventó y se produjo por primera vez la famosa porcelana de Meissen bajo los auspicios del Rey Augusto ‘El Fuerte’. El éxito fue tal que a mediados del siglo XIX el taller había sobrepasado sus estrechos cuartos de trabajo y tuvo que ser trasladado al otro lado del río Elba, hasta su localización actual, que debe convertirse en tu siguiente parada como visitante.

Este edificio alberga diversas salas de exposiciones en las que se muestran cerámicas de corte tradicional y contemporáneo, con la peculiaridad de que están a la venta: desde pequeños dedales relativamente baratos hasta piezas que alcanzan un valor de decenas de miles de euros; la planta superior, por su parte, es un museo que detalla las singularidades y la historia de la porcelana a lo largo de los tres últimos siglos. Lo más interesante para mí fue, sin embargo, el tour guiado por las diferentes partes del taller en las que maestros artesanos (arriba), cada uno responsable de una etapa de la producción, mostraban el proceso de elaboración desde el amasado inicial de la arcilla hasta los exquisitos retoques finales.

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Por último, aprovechamos para dar la enhorabuena a los enófilos: aquí podréis conocer la escena vitivinícola local comenzando en Wein Erlebnis Welt, a quince minutos a pie desde los talleres de porcelana, donde una antigua bodega rehabilitada ofrece degustaciones y venta de vinos locales y una visita por los antiguos silos. Desde aquí también podéis organizar visitas guiadas por la treintena de viñedos que se extienden alrededor del valle que rodea la región. Es la conocida Ruta del Vino de Sajonia, que abarca un total de 55 kilómetros.

¡Siempre hay algún buen motivo por el que brindar!} else {

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