Lyon y su Fête des Lumières: es aquí donde nacen tus sueños

17/11/2016

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Puede que sea por su envidiable legado histórico, quizá por sus imponentes monumentos o tal vez por su reconocimiento como capital gastronómica de Francia; cualquiera de estas opciones es válida, más que válida. Pero espera, que añadimos otra razón de peso para visitar Lyon en estas fechas: su Fête des Lumières, que tiene lugar a principios de diciembre, hará que la ciudad se vista de luz y color durante la cita más esperada del año. Y tú, ¿te la vas a perder?

Podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que diciembre es el mes favorito de todo buen lionés que se precie. Y no sólo por sus espléndidos mercados de Navidad, también por el halo mágico que sobrevuela la capital durante la famosa Fête des Lumières, su fiesta grande; son días en los que Lyon se viste de gala para mostrarnos de qué están hechos los sueños, cuando los principales artistas visuales del mundo se reúnen para explotar su lado más creativo: los edificios emblemáticos, las plazas y otros puntos destacados de la ciudad, como los ríos Ródano y Saona, se iluminan con sugerentes colores para crear postales de fantasía, narrando historias a base de destellos y proyecciones que te transportarán a una nueva dimensión. Sí, creerás que estás soñando.

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Su origen se remonta al año 1852, cuando, el 8 de diciembre, los lioneses colocaron velas en sus ventanas en honor a la virgen María; desde entonces, la Fête des Lumières ha alcanzado tal renombre internacional que Lyon se convierte en un hervidero de gente, acogiendo a casi cuatro millones de personas. Este año se celebrará durante los días 8, 9 y 10 de diciembre, tres jornadas de ensueño en las que se proyectarán setenta instalaciones lumínicas desde las 20 horas hasta la medianoche. Será, sin duda, una de esas experiencias que perviven por siempre en la memoria.

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Dejando a un lado el festival, la tercera ciudad más poblada de Francia es uno de esos destinos que nunca dejan de sorprender. Señorial a la vez que juvenil, bohemia al tiempo que alternativa; planes los hay para todos los gustos. La colina de Fourvière es el punto ideal para comenzar a descubrir su encanto. Además de impactantes panorámicas de Lyon (pudiendo divisarse incluso los Alpes en días despejados), en esta zona se ubican algunos de sus monumentos más importantes: la Basílica Notre-Dame de Fourvière, donde el horror vacui se eleva a la enésima potencia, el Antiguo Teatro Romano, que lleva dos mil años en pie, o la Catedral de Saint-Jean, con un espectacular reloj astronómico que data del siglo XIV. Pero la joya de la corona radica en el barrio del Vieux Lyon, una zona medieval muy bien conservada y considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por la que da gusto caminar. ¿Nuestra recomendación? Piérdete  por sus célebres traboules (arriba), unos bellísimos pasajes que comunican diferentes edificios entre patios interiores.

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Cruzando el río Saona llegamos a la Place Bellecour, la plaza peatonal más grande de Europa y característica por su suelo de color rojizo. Aquí no sólo comienzan las dos calles comerciales por excelencia, República y Víctor Hugo, también te permitirá disfrutar de una preciosa perspectiva de la ciudad si te colocas mirando hacia la colina de Fourvière. No lejos de aquí encontramos la Place des Terreaux, el epicentro del nuevo Lyon: la reconocerás por la imponente Fuente Bartholdi (arriba), ubicada en el centro, una verdadera obra de arte en la que cuatro caballos parecen tener vida propia; en sus laterales se ubican el ayuntamiento y el Museo de Bellas Artes y, a pocos pasos, el edificio de la Ópera .

Et bien, después del largo paseo ha llegado el momento de reponer fuerzas en la capital gastronómica de Francia. ¿Dónde? En un bouchon, sin duda; por algo son los típicos restaurantes lioneses, no los encontrarás en ninguna otra parte del país. Hablamos de pequeños locales en los que se acostumbra a servir comida tradicional y donde todavía se siente ese inconfundible aroma familiar; los reconocerás porque suelen tener en la puerta una pizarra con la carta y sus precios. Su decoración, de lo más bohemio.

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Será éste el lugar ideal para saborear unas ricas andouillettes o la quenelle, el símbolo culinario de la ciudad: se trata de unas albóndigas largas y ovaladas preparadas con huevo, mantequilla, harina y un ingrediente principal que varía según el restaurante. Las quenelles tradicionales se preparan con pescado, pero también las puedes encontrar hechas carne de ave, ternera o de cangrejo, siempre acompañadas de una buena cantidad de salsa; las hay incluso dulces, sí, como las de la imagen superior. Y si eres un amante del buen vino, Lyon tiene la suerte de estar asentada entre dos de las grandes regiones vitivinícolas del país, Beuaujolais y Valle del Ródano, siendo posible realizar recorridos turísticos por muchos de estos viñedos y conocer de primera mano los cultivos de estos caldos de primer nivel.

Imágenes: JakezAurélien Catinonprochasson frederic; keko64.} else {