La primavera, Basilea altera

24/04/2017

Basilea, ciudad creativa

Si no quieres saber nada del rincón más cosmopolita de Suiza, entonces detente, no sigas leyendo. Lo respetaremos, aunque nos cueste, y no te desvelaremos que Basilea es la perla creativa de Suiza. Obviaremos que, con la llegada del buen tiempo, llega también su mejor momento, ni repasaremos su interminable lista de museos, sus bares con estilo, sus restaurantes de diseño y sus noches de vanguardia. No te contaremos qué hacer en primavera en la moderna Basilea. Total, ¿para qué?

Cosas que no te diremos sobre Basilea

No te revelaremos que Basilea es especial hasta por su situación geográfica. Incapaz de zafarse de un don como la permeabilidad, la urbe que nos ocupa es suiza por accidente, porque podría ser alemana, o francesa. Eso la enriquece, la hace cercana y la humaniza.

No te susurraremos al oído que el Kunstmuseum, el Museo de Arte de Basilea, es un imprescindible, clásico, pero vital. ¿Cómo pasar por alto un espacio dedicado a los maestros de la creación cuyo comité de bienvenida es el legado de Rodin, en concreto su conjunto escultórico Los burgueses de Calais?

Tampoco te confesaremos que en Basilea, los arquitectos campan a sus anchas. Nombres como Frank Gehry, Zaha Hadid o Herzog & de Meuron, todos mayúsculos, han querido parir sus maravillas en este trozo suizo de un pastel llamado mundo. El hilo de edificios interesantes y de imprenta moderna que teje esta ciudad tan creativa es, como la novela de Michael Ende, interminable. De hecho, lo suyo para intentar abarcar su fantasía es marcarse una ruta por sus hitos más llamativos y a través de sus calles, siempre al ritmo de la primavera. En este sentido, parada obligada es y será la VitraHaus, de los arquitectos Herzog & de Meuron. Y es que esos cubos amontonados y superpuestos cual oda al libre albedrío dejan boquiabierto a cualquiera, emoción que nunca pasará de moda. El paseo también nos llevará por los alrededores de la ciudad, pues recordemos que la capilla de Ronchamp, del maestro le Corbusier, se encuentra a una distancia demasiado razonable de Basilea. La peregrinación asemeja imprescindible, no salvar esos kilómetros sería un pecado.

Por supuesto, no te charlaremos de la Fundación Beyeler, el museo en el barrio de Riehen, ni de cómo el edificio, brillantemente diseñado por Renzo Piano, juguetea con cristales y transparencias, envolviendo con clase y el mejor de los gustos las más de doscientas obras de arte que habitan en sus entrañas. Giacometti o Picasso son algunos de los sonados contenidos de un continente que, a su vez, a un parque rodea (otro de los extras de toda visita a la Fundación Beyeler, más aun en primavera).

No te acompañaremos a dar una vuelta por el Campus Novartis en Basilea, por una muestra fascinante de la sinuosa arquitectura de Frank Gehry. En ningún caso compartiremos contigo consejos como que la Oficina de Turismo de Basilea ofrece visitas guiadas a este lugar. En ellas, los interesados son conducidos a través de los modernos edificios de oficinas del laboratorio, una ocasión única para conocerlos mejor. Para colmo de bienes, los ingresos son donados por Novartis al Comité Internacional de la Cruz Roja (IKRK).

No te recomendaremos una inmersión en la gastronomía de diseño de Basilea, ciudad creativa. Lugares como el «Restaurant Union» y su cocina de vanguardia no serán tema de conversación entre nosotros. Considerado uno de los mejores locales de la ciudad, su originalidad -más allá de en sus platos- reside en ese concepto «revisitado» de la cabaña suiza de toda la vida.

No queremos distraerte, así que no seguiremos hablándote de las maravillas de este recién estrenado destino Iberia. Olvidábamos decirte que Basilea es la novedad.

Foto: Rosmarie Voegtli