Turín de cine

01/08/2017

Turín de cine

Turín suena a película de miedo, pero miedo del bueno.

Si se trata de buscar culpables, la pena debería recaer sobre un cierto maestro del cine de terror llamado Dario Argento. Sus manos, que en más de una ocasión figuraron en sus largometrajes como las del asesino, supieron inmortalizar el encanto y el misterio de la capital de la región de Piamonte llenando infinidad de fotogramas.

Con la ayuda de cuatro de las películas que el director italiano rodó en Turín vamos a averiguar si somos viajeros impresionables, ya que nada como volar a Turín y exponernos al atractivo de sus lugares de interés para lograr ponernos a prueba: Piazza Castello, la plaza principal de Turín; Palacio Carignano y el Palacio Real de Turín; el Museo Nacional del Cine de Turín, un centro dedicado a la historia del cine italiano e internacional, etcétera, etcétera, etcétera.

En El gato de las 9 colas (1971), Turín impresiona.

La historia de El gato de las 9 colas gira en torno a un ex-periodista, ahora ciego, que ayuda a un enérgico reportero a resolver un asesinato. Una de sus escenas más famosas, la de los coches que se persiguen dentro de un parking subterráneo, se rodó en la plaza C.L.N. de Turín. Su curioso nombre responde a las siglas del “Comitato di Liberazione Nazionale”, que bautizan este rincón rodeado de belleza en pleno centro histórico de la ciudad. A él volveremos pronto.

En Rojo oscuro (1975), Turín impone.

Aunque la historia de una vidente con la capacidad de leer la mente de las personas transcurre en Roma, muchas de las escenas fueron rodadas en Turín. El filme, momento álgido del idilio entre Argento y la ciudad italiana, arranca con el rodaje de un simposio paranormal en el interior del Teatro Carignano, que con sus espesos cortinajes rojos anuncia la particular estética que marcará Rojo oscuro.

Poco después, la trama nos traslada de nuevo a la Piazza C.L.N., desde donde el personaje de Marc (David Hemmings) presencia el asesinato de Helga, la vidente. Se trata de una plaza dura, algo áspera si cabe, donde destacan dos grandes estatuas blancas que representan el Po y la Dora. El director la prefirió a la monumental Piazza San Carlo, situada a apenas unos metros de distancia.

En Suspiria (1977), Turín sobresalta.

Para su obra de culto, Argento dedicó tres meses a buscar localizaciones; pretendió rodarla en la propia ciudad de Friburgo, donde se desarrolla la trama, aunque no fue posible. Eso le condujo de nuevo a Italia, siendo la fantasmagórica «Villa Capriglio» la toma de contacto con Turín.

A pesar de ser un lugar histórico de la ciudad, la casa está completamente abandonada, por lo que luce decadente en todo su esplendor. Situada en la Strada al Traforo di Pino, en coche se tardan unos quince minutos desde el centro, y en tren son unos veinte. Para redondear la experiencia de la “excursión” hasta allá, vale la pena pararse a comer o cenar en el acogedor restaurante Antica Trattoria Con Calma (Strada Comunale del Cartman 59), famoso por su comida casera de temporada.

En Insomnio (2001), Turín sobrecoge.

El director regresa de nuevo al Teatro Carignano, con su mundo de terciopelo y sombras. Otro lugar de rodaje de la película es el Cementerio Monumental de Turín, en Corso Novara, 135. Un lugar tranquilo, hermoso y lleno de poesía; un museo al aire libre donde se pueden admirar obras de arte funerario que son verdaderos monumentos. En otro momento de la película se observa a lo lejos La Mole Antonelliana, el principal símbolo arquitectónico de la ciudad de Turín y visita imprescindible.

El gran Dario Argento supo mirar Turín con ojos de cine. Fue él quien dijo que «Ahora todas las películas parecen la misma y hechas por el mismo director»; sin embargo, eso no nos pasará si volamos juntos a Turín, ya que no hay ninguna ciudad que se le compare. ¡Feliz viaje a uno de los rincones más bellos del norte de Italia!

Foto original de Silvio Pomi