¿La esencia de Italia? En sus pueblos encontrarás la respuesta

15/11/2017

Hagamos una pequeña prueba: párate por un momento a pensar en Italia y en alguno de sus símbolos nacionales. Coliseo de Roma, canales de Venecia, catedral de Milán… sí, seguro que alguno de ellos te ha venido a la mente de manera instantánea. Seguro. ¿Lo mejor? Que estás apuntando sólo a la cima del iceberg, la base que la sostiene es mucho (muchísimo) más amplia. La grandeza del país no termina donde acaban las grandes capitales, su excelente patrimonio artístico-cultural también es posible admirarlo en pequeñas localidades que exhalan siglos de historia y que representan a la perfección esa excelencia italiana tan reconocible a nivel internacional. Por eso, la ruta de hoy tendrá un enfoque diferente. ¡Nos vamos de pueblos!

La esencia de Italia radica en sus pueblos, es algo innegable. Y lo recalcamos desde el principio para que nadie pueda decir que no lo advertimos, porque motivos para tamaña aseveración no faltan: hablamos de parajes exclusivos, tan bellos que nunca pensaste que algo así pudiera existir en realidad; hablamos de inmiscuirte en la cotidianidad de los vecinos, de formar parte de su día a día y, por qué no, de mantener una agradable conversación con ellos durante tu estancia; y también hablamos de escapar del turismo de masas para llegar a rincones donde el encanto flota en el ambiente y llegas incluso a respirarlo. Lugares que, en definitiva, te alejarán de los destinos tradicionales y te harán partícipe de momentos inolvidables.

En la asociación I Borghi più belli d’Italia (Los pueblos más bonitos de Italia) lo saben bien, y por eso llevan promocionando estos circuitos alternativos desde el año 2001. ¿El objetivo? Poner en valor el patrimonio histórico de estos pequeños enclaves del país transalpino para mostrar una cara muy distinta a la que estamos acostumbrados. Se trata de un selecto grupo formado por casi trescientos pueblos que se han certificado siguiendo un estricto canon de supervisión a través de criterios urbanísticos, arquitectónicos e históricos; algo a lo que se suman también activos gastronómicos y artesanales para ofrecer una experiencia de lo más completa.

Desde localidades costeras donde se mezclan mar y montaña hasta extraordinarios enclaves medievales que siguen conservándose intactos siglos después, pasando por esos bucólicos e infinitos viñedos que se alzan como protagonistas o por auténticos parajes naturales. De norte a sur y de este a oeste, la variedad parece no tener fin. Hay tantas opciones para elegir que… abordaremos tan sólo algunos buenos ejemplos.

En Lombardía necesitamos apenas dos horas para llegar desde Milán a Lovere (arriba) y disfrutar de sus estrechas calles de corte medieval que discurren paralelas al lago Iseo; sus iglesias, basílicas y coquetas plazas te transportarán a tiempos pasados en un abrir y cerrar de ojos. Parece salida de un cuento, literalmente. También ha acogido este año el I Festival Nacional de los pueblos lacustres y fluviales más bonitos. Mención aparte merece Sabbioneta, rodeada por antiguas murallas y declarada Patrimonio de la Humanidad en 2008 por representar la ciudad perfecta en el ideario renacentista, preservando aún el urbanismo y la arquitectura funcional de entonces. La Galería de los Antiguos y el Palacio Ducal, hoy ayuntamiento, son sus dos monumentos más conocidos.

También encontramos en el norte de Italia verdaderas joyas como Bard (región del Valle de Aosta, abajo) y su imponente fortaleza, desde la que saborear exquisitas panorámicas rodeadas de montañas y paisajes abruptos; resulta tan espectacular que, por ejemplo, aquí se rodaron recientemente escenas de la película Los Vengadores: la era de Ultrón. Glorenza, en la frontera con Suiza y de marcado carácter medieval, Follina, famosa por su excelencia gastronómica (está incluida dentro de la Ruta del Prosecco y ubicada a poco más de una hora de Venecia), o Polcenigo, que destaca por sus alrededores de gran riqueza natural, son otras alternativas de primer nivel.

Si nos dirigimos a la parte central del país, Civita di Bagnoregio (imagen principal) es uno de esos lugares que hay que visitar al menos una vez en la vida. Dos horas escasas lo separan de Roma. Su privilegiada ubicación, estratégica hace siglos, es hoy quizá su mayor enemiga: conocida como la ciudad que muere, corre el riesgo de desaparecer por asentarse sobre un alto espolón de arcilla que sufre cada vez más la erosión de los agentes naturales; por eso, cuando antes lo hagas, mejor. A sus antiguos palacetes, sus empinadas calles y sus históricas fachadas sólo se puede acceder por un precioso puente que discurre entre montañas. Las vistas, desde aquí, poco menos que espectaculares.

Eminentemente agrestes son muchos de los pueblos repartidos por la Toscana, como Buonconvento o Raggiolo, enclaves ideales para los amantes de la naturaleza. Paz, tranquilidad y armonía es algo que nunca te faltará por esta zona. Castel del Monte o Castelli, en la región de los Abruzzo, o Deruta, en Umbría, famoso por su tradición en materia de cerámica artesana, demuestran con un simple vistazo por qué han sido incluido en la lista de los pueblos más bonitos de Italia.

Y el sur, qué tendrá el sur que tantas veces nos ha embelesado… Únicamente necesitamos una hora para llegar desde Nápoles a Furore (izquierda), una de esas localidades tan bellas como enigmáticas. Ubicada en un estrechísimo fiordo en plena costa amalfitana, sus barquitas de colores y los edificios de pescadores que cuelgan desde las rocas te dejarán boquiabierto; si a eso le sumas una pequeña playa y unos atardeceres de película, no necesitarás abandonar Furore para estar deseando volver. Es magia, pura magia. Otro pueblo que nos encanta es Cefalú, en Sicilia, donde se rodó la oscarizada película Cinema Paradiso: pasear por sus calles empedradas, subir hasta La Rocca y disfrutar de un buen plato de pescado fresco mientras sientes la brisa del mar son experiencias que no tienen precio. Además, en este pueblecito muy cercano a Palermo se celebra cada año la Regata de Vela de los pueblos más bonitos del país. Por algo será, ¿no crees?

En el sur hay muchos más pueblos con encanto, vaya si los hay. Otranto, viva imagen de localización medieval, el barroco Presicce, en la región de Puglia, o Altomonte, en Calabria, completan una ruta de ensueño por la zona más meridional de Italia.

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