Comidas muy raras en Beijing. ¿Aceptas el reto?

17/05/2018
Bankoo

Cuando viajo y es posible, me gusta probar comidas raras, a veces muy raras, tipo grillos, larvas, camello, frailecillos, canguros … ya me entendéis. Así que cuando regresé hace poco a Beijing, uno de los lugares que tenía pendiente visitar era una calle de “snacks” muy concreta. Al lado de Wangfujing, una de las calles comerciales más famosas de la capital China, Xiaochijie es una de las varias callecitas peatonales de vendedores de comida, pero ésta es famosa por mezclar lo mundano con lo más extraño imaginable. Así que… ¡por supuesto fui!

En esa tarde de entre semana, los puestos estaban iluminados y la calle rebosaba de carritos ruidosos y alegres que captaban la atención de muchos. ¿Qué tenían esos carritos? un montón de cosas en palitos, ideal para caminar e ir picando, especialmente kebabs, camarones y fruta confitada, junto con yogur recién hecho, churros chinos y bollos al vapor. Pero lo que muchos extranjeros vienen a curiosear y de vez en cuando prueban son las inusuales criaturas que casi nunca se consumen fuera de Asia y a decir verdad, rara vez comen incluso los mismos chinos actualmente.

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En este enorme país, siglos atrás, encontrar comida podía ser un gran desafío para muchos, especialmente para los campesinos que vivían en el campo. Quizás así, podemos comprender que probablemente era su mejor opción para variar en la cena. En Europa, pasó algo similar ya que los campesinos no dejaban que nada se desperdiciara y regularmente consumían órganos y carnes que son mucho menos comunes hoy en día como cerebros, pulmones, riñones, médula ósea, intestinos o carne de caballo.

De hecho, en Beijing todavía existe un pequeño mercadito con los bichos raros que se solían comer en dietas rurales. Estamos hablando de murciélagos, ciempiés, escorpiones, estrellas de mar, caballitos de mar, serpientes y tarántulas. A veces aún los tienen vivos o medio retorciéndose, esperando ser fritos.

David Paul Appell

Actualmente, estos puestecitos atraen a muchos curiosos, los suficiente como para que se publiquen carteles de «sin fotos» y tengas que comprar productos o pagar para tomar fotos de ellos. Pero muy pocos se los comen, y supongo que por eso están tan caros. De hecho, un par de damas chinas que se me pegaron y que querían que me casase con ellas, estaban francamente perplejas de que estuviera interesado en cosas tan asquerosas.

Fui el único que esa noche lo probé: un pobre extranjero en busca de una aventura culinaria. Mi selección de bichos fue un escorpión y una tarántula. Y como la vez que hice puenting en Australia, pensé que lo mejor era no pensarlo mucho y no agonizar más. Y entonces … crunch, crunch. ¿El veredicto?

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El escorpión era, por supuesto, crujiente, y su sabor delicado, un poco difícil de describir, pero me recordó a algo entre pescado y langosta, con un trasfondo ligeramente amargo. En cuanto a la tarántula, tampoco estaba muy lejos de la descripción que leí de un blogger: algo como «una mezcla de pollo y bacalao», y creo que esa es una descripción que puedo ratificar. Ninguno de los 2 tienen demasiada carne y en cualquier caso, después de un par de bocados a cada uno, ya estaba. ¡Misión cumplida!

He leído que últimamente en países occidentales, comer insectos se está convirtiendo en una moda de la alimentación saludable (¡con más proteína!) y que parece estar ganando fuerza. Quién sabe, tal vez algún día mordisquearemos escorpiones y arañas como si nada.