Reunámonos en Mónaco

23/11/2018

Mónaco

Hay pocos nombres que inspiren tanto glamour, tanto lujo, tanta elegancia como Mónaco. Y es que aquí todo son cifras tan nobles como notables: hablamos por ejemplo del segundo estado más pequeño del mundo, sólo superado por El Vaticano; también del de mayor densidad de población, superando los 19.000 habitantes por kilómetro cuadrado; e, igualmente, de quizá la mayor concentración de millonarios del planeta, un 30% de sus 38.000 vecinos. Impresiona, ¿verdad?

Este pequeño principado se encuentra a tan sólo media hora en autobús desde Niza, en un trayecto que recorre hermosos tramos de la célebre Côte d ‘ Azur, y pertenece a la aristocrática familia Grimaldi desde el año 1297.

El autobús público número 100 cuesta 1,50€ y te lleva desde el puerto marítimo de Niza hasta la Plaza de Armas monegasca, desde donde deberás subir unos cuantos escalones poco profundos de la colina Le Rocher para llegar al casco antiguo de la ciudad. Allí, en la Place du Palais, te toparás con el Palais Princier, nada modesto y ‘custodiado’ por un pequeño escuadrón de guardianes que van vestidos de blanco en verano y de negro en invierno; es posible presenciar el cambio de guardia cada mediodía. El palacio está presidido por el príncipe gobernante Alberto y su esposa Charlene, y, aunque buena parte del edificio está cerrada al público, sí es posible visitar la sala del trono y otras opulentas estancias con las que empezarás a comprobar el altísimo nivel de vida que reina en Mónaco.

Mónaco

Las entradas para el palacio se pueden comprar en una gran tienda que encontrarás justo enfrente, así como para los autobuses turísticos que te llevarán en un tour guiado por el principado. Hop-on/hop-off, ya sabes. Y esto fue lo que hicimos en nuestra reciente visita a Mónaco después de un agradable almuerzo en la calle Comte Félix Gastaldi, pues no gustó la idea de poder decidir a tu antojo cuándo bajar y de qué atracciones turísticas disfrutar.

El autobús nos llevó a la catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, de estilo neorrománico, cuya construcción finalizó a principios del siglo XX; también pudimos contemplar el Museo Oceanográfico, neobarroco, edificado sobre la roca de un enorme acantilado durante el reinado de un príncipe amante del mar y donde se pueden presenciar diversas exposiciones sobre la vida marina; por el puerto deportivo y las tiendas de lujo del distrito de La Condamine; y, claro está, pasamos por la asombrosa colección de coches del Príncipe de Mónaco, con más de cien vehículos que van desde un De Dion Bouton de 1903 hasta el Lotus F1 de 2013, incluyendo además muchos de los coches de carreras que han participado en los célebres Gran Premio de Mónaco o el Rally de Montecarlo.

Mónaco

Pero si hay un símbolo conocido y reconocido en Mónaco ése es, sin duda, el Casino de Montecarlo, el distrito centro del principado. Aquí, claro está, decidimos bajarnos del autobús para ver qué se escondía tras todo aquel ajetreo y tantos coches de alta gama: pudimos adentrarnos en el lobby del edificio y, por diez euros, incluso nos dejaron acceder a una sala exterior de juegos. El color dorado era el auténtico protagonista de la sala, que albergaba en su interior una instalación en forma de laberinto con cartas más grandes que las que conocemos en realidad y, algunas de ellas, con huecos destinados a mil y un selfies. La verdad, me pareció frívolo hasta decir basta.

Y si retomamos por un momento todo lo relacionado con el motor en Mónaco, el Gran Premio de Fórmula 1 (uno de los eventos más conocidos a nivel mundial, que tendrá lugar del 23 al 29 de mayo de 2019) y el Rally (del 24 al 27 de enero) se caracterizan por abarrotar el principado de tal manera que apenas cabe un alfiler durante esos días. Eso sí, amantes de la velocidad y la adrenalina, ¡aquí tenéis una cita obligada!

Mónaco

Mónaco se convirtió en una visita realmente agradable, un día espléndido: pudimos dormir hasta tarde, realizar un hermoso paseo por la costa, comer muy bien, saborear la esencia de un legendario enclave y regresar a Niza para la hora de cenar. No está mal, ¿verdad?

Más información: www.visitmonaco.com

Imágenes: S-FQypchakTatiana Ganapolskayacristiano barni | José Balido