Archipiélago de San Blas, un paraíso para desconectar en Panamá

26/11/2020

 

Panamá alberga infinidad de islas, playas deslumbrantes y paraísos lo suficientemente aislados como para desconectar al máximo… pero el Archipiélago de San Blas, con alrededor de 365 islas y cayos (apenas cincuenta de ellos habitados) repartidos en unos 300 kilómetros cuadrados frente a la costa caribeña del país, destaca por ofrecer al visitante un entorno inigualable.

Se debe en gran parte a que forman parte de la provincia de Guna Yala, gobernada de manera autónoma por el pueblo guna. ¿Qué significa esto? Que los lugareños controlan el ritmo de la zona, evitando el desarrollo excesivo y el turismo de masas, por lo que todo es sostenible y ecológico; la electricidad, por ejemplo, se genera a partir de energía solar. Este enfoque sostenible, la práctica ausencia de huracanes y la oportunidad de experimentar la singular cultura de los guna hacen de las Islas San Blas (a media hora en vuelo interno desde Ciudad de Panamá y a unas cuatro horas en carretervar link = document.getElementById(‘link2736’);link.onclick = function(){document.location = link.getAttribute(‘href’);} a + ferry) un destino realmente extraordinario. No son pocos los viajeros que lo conciben como su favorito en Centroamérica.

 

 

La mayoría de los visitantes llegan al archipiélago a través de El Porvenir, su capital e isla epónima, ubicada al oeste del archipiélago: un centro neurálgico en el que encontrarás un hotel, varias playas de ensueño y conexiones de taxi acuático o velero a otras islas como Cayos los Grillos, Cayos Holandeses, Cayos Limones, Isla Perro, Nalunega, Pelicano (donde se escondieron Tokio y Rio en Casa de Papel), Sindup, Ukuptupu, y Wichubwala.

 

 

Hay quien llega para escapadas de un día desde Ciudad de Panamá, pero aquellas personas interesadas en hacer noche allí deben saber que las cabañas y casas de huéspedes con techo de palma son realmente económicas y razonablemente cómodas, aunque sin grandes lujos: no cuentan con aire acondicionado, electricidad (obviamente, tampoco wi-fi) ni tal vez agua caliente; sí hay cierta cobertura de teléfono móvil si fuera absolutamente necesario.

 

 

Pero es que, claro, ese es el verdadero atractivo del Archipiélago de San Blas: poder escapar de una vida en la que estamos hiperconectados, de la agitada vida diaria, para sumergirnos en una experiencia a menor velocidad en la que reinan la calma y la tranquilidad. Es un lugar ideal para relajarse en una hamaca bajo las palmeras, bebiendo un coco fresco (con su recomendable mejora de ron local), y luego salir a descubrir las vibrantes aguas turquesas del Caribe para nadar, navegar, pasear en kayak o hacer esnórquel (el buceo está prohibido); y, por qué no, sencillamente tomar el sol, recolectar originales conchas marinas o jugar al voleibol en esas playas de arena blanca. Auténticos placeres de náufrago. Las noches a la luz de las velas se pueden pasar disfrutando de bebidas con ron en algún bar local y charlando con los visitantes que llegan de todas partes del mundo.

 

 

Más allá de la propia belleza del lugar, esta aventura te permitirá experimentar la cultura y el singular estilo de vida de la etnia guna, con unos 50.000 habitantes estimados entre todas las islas. Como rasgo singular, destacan por su estatura extremadamente baja: 1,5 metros sería una altura habitual para ellos.

 

 

Aunque un buen número de ellos trabaja en la industria del turismo, muchos se dedican aún a las antiguas actividades de su sociedad matriarcal tradicional, con hombres adentrándose en el mar para recolectar langostas o pescando desde pequeñas barcas hechas con madera de palmera y mujeres creando coloridas e intrincadas joyas; también elaboran llamativos bordados artesanales con miles de colores, tapices y accesorios que se han convertido en un sello distintivo de los guna y que, por supuesto, están encantados de poder vender. Un recuerdo ideal de tu paso por las islas San Blas en Panamá.

 

 

Para comer, si eres amante del buen marisco, te encantará la frescura y la calidad del pescado cocinado a la plancha o frito (especialmente el pargo rojo) y la langosta, platos servidos en generosas raciones y generalmente acompañados de arroz con sabor a coco; otras guarniciones típicas son los patacones (plátanos verdes fritos) y las ensaladas.

 

 

Es recomendable que cada visitante traiga sus propios enseres, como repelente de insectos, jabón, champú, linternas, papel higiénico y, por si acaso, incluso sábanas y toallas; productos que podrás comprar sin ningún problema en Ciudad de Panamá, si así lo deseas. Luego, igualmente, está todo el apartado del entretenimiento: al no haber aparatos electrónicos, los libros adquieren un protagonismo especial y, por qué no, tu propio instrumento musical en caso de que toques alguno. Resulta importante tener en cuenta que los lugareños son extremadamente relajados, sin prisas, por lo que no esperes que el servicio sea como al que estamos acostumbrados en otros países. Ahí está precisamente el encanto de unas vacaciones en las islas San Blas.

 

 

La mejor época para visitar estas islas es durante la estación seca de América Central, de diciembre a abril, lo que significa que es menos probable que te llueva mientras disfrutas de tu idilio en el paraíso. Un paraíso en el que podrás escapar del estrés persistente en el mundo moderno y reconectar con la naturaleza, valorando los placeres de una vida sencilla. Quizá suene a tópico, pero es algo que sabrás apreciar.

 

 

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