¿Cómo funcionan las cajas negras de los aviones?

10/03/2022

Sobre ese pequeño aparato que todos los aviones comerciales incorporan desde hace más de medio siglo se ha escrito muchísimo. Y no es para menos: las cajas negras son esenciales para poder esclarecer las causas de un posible accidente.

Sabemos, porque las estadísticas son implacables, que el avión es el medio de transporte más seguro, pero hace varias décadas hubo un modelo, el Comet, cuya proporción de accidentes se salía de las estadísticas. Corrían los primeros años 50 y los expertos quisieron saber a qué se debían. El australiano David Warren, químico e ingeniero aeronáutico, fue el creador de la primera caja negra, y la desarrolló basándose en una tecnología que recogiera las conversaciones del vuelo. Pero antes, en 1939, hubo un prototipo, digamos, más rudimentario, fabricado por el francés Francois Hussenot, hecha con filme fotográfico y calibrada con espejos, al que los sensores lanzaban flashes que se reflejaban en él y componían el historial de vuelo. Una curiosidad: se dice que Hussenot, sabedor de la importancia de su hallazgo, ocultó la caja cerca de una playa del Océano Atlántico cuando Hitler invadió Francia para que el ejército nazi no pudiera hacerse con ella.

Desde la creación de Warren hasta hoy, las cajas negras han evolucionado muchísimo. Para empezar, los aviones no incorporan una, sino dos; ambas, situadas normalmente en la parte trasera del avión. Y cada una de ellas tiene una función específica:

  • FDR (Flight Data Recorder o grabador de datos de vuelo): en este dispositivo se anotan todos aquellos parámetros que se pueden registrar en un vuelo comercial, tales como altitud, rumbo, velocidad, rendimiento de los motores, etcétera. La mayoría de estos aparatos registran hoy día entre 17 y 25 horas de datos y se someten anualmente a exhaustivas revisiones para comprobar que su grado de fiabilidad es óptimo.
  • CVR (Cockpit Voice Recorder o grabador de voces de cabina): registra las voces y avisos sonoros de las dos últimas horas del vuelo (o de la última media hora, dependiendo del avión y del dispositivo) gracias a unos micrófonos situados en la parte superior de la cabina del piloto, de manera que podemos disponer también de información hablada. Un CVR estándar graba cuatro canales distintos de datos de audio. Por supuesto, la digitalización ha traído mejoras sensibles a su fabricación. De una parte, ya no se utilizan aquellas cintas magnéticas de antaño. Hoy, toda la información se almacena en unidades de estado sólido, también conocidas como memorias flash, que además pueden conservar esos datos durante años, y cuentan con una fuente de alimentación propia que no necesita la del avión. 

Las cajas negras de los aviones cuentan además con una baliza subacuática que emite señales de geolocalización durante 30 días. Pero la tecnología avanza rauda en este aspecto, y cada vez se va mejorando más la de las cajas negras: desde 2019 se han empezado a dotar a distintas aeronaves con dispositivos que registran hasta 25 horas de grabación de sonido, y debido a su menor tamaño se pueden colocar por partida doble: una en la parte delantera del avión y la otra, en la trasera. De este modo, las posibilidades de conservar toda la información son mucho mayores. Empresas tecnológicas como Leonardo o L3Harris son dos de las compañías punteras en su fabricación.

Pero claro, toda esto no tendría ningún sentido sin lo fundamental: la extraordinaria resistencia de sus materiales. Los dispositivos FDR y CVR están protegidas por el sistema CSMU (Crash-Survivable Memory Unit) que los hace prácticamente irrompibles. Y lo son por dos motivos:

  1. Sus materiales. Titanio y acero son los materiales que acorazan el sistema de grabaciones de ambos dispositivos. El titanio es un metal con la mejor proporción dureza-densidad, muy resistente a las corrosiones, a la fatiga y capaz de someterse a temperaturas altas sin deformarse. El acero tiene propiedades similares, aunque su peso es mayor. A menudo se formula la pregunta de por qué el avión entero no podría fabricarse con estos materiales: simplemente, no podría despegar debido a su peso.
  2. Las exigentes pruebas de resistencia. Además de que estos dispositivos son periódicamente revisados, antes de instalarse en los aviones se someten a numerosas pruebas que certifican su altísima durabilidad: resistencia al fuego, a la penetración, a la presión acuática, al aplastamiento y a los fuertes impactos.

La información almacenada en los dispositivos FDR y CVR (es decir, las dos cajas negras) se extrae digitalmente y se procesa en un laboratorio especializado a través de sofisticados programas.

Por último, es interesante saber por qué su nombre es caja negra. El origen de esta denominación no está del todo claro: algunos prototipos antiguos de la RAF (la rama aérea de las Fuerzas Armadas británicas) estaban pintados de ese color, y otros eran una especie de cámara oscura que incorporaban placas fotográficas. Pero también podrían recibir este nombre basándose en la teoría de sistemas, donde una caja negra es un elemento que recibe unas entradas y produce una serie de salidas o respuestas. Sea cual sea el origen, las cajas negras no son negras, sino que van recubiertas con una pintura especial de color naranja, también muy resistente a corrosiones y altas temperaturas.

Autora: Puri Ruiz

Imágenes Ι narvikk

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