Aerofóbicos distinguidos (y confesos)

20/09/2010

Hay una larga lista de personas famosas con fobia a volar. Quizás el más destacado de todos ellos sea Gabriel García Márquez, quien hace ya tiempo escribió un cómico artículo sobre el asunto titulado “Seamos machos: hablemos del miedo al avión”, en el que nos dejaba algunas perlas como éstas:

«Yo lo padezco como nadie, a mucha honra, y además con una gratitud inmensa, porque gracias a él he podido darle la vuelta al mundo en 82 horas, a bordo de toda clase de aviones, y por lo menos diez veces.

La vida me enseñó que el verdadero temeroso del avión no es el que se niega a volar, sino el que aprende a volar con miedo.»

En el mismo artículo, García Márquez habla de otros ilustres “temerosos del avión” como Pablo Picasso, que, según él, habría afirmado: “No le tengo miedo a la muerte, sino al avión”; el arquitecto Oscar Niemeyer, de quien dice que es el único que de verdad no vuela; los escritores Jorge Amado y Carlos Fuentes, que están dispuestos a realizar viajes épicos de varios días en barco o tren con tal de no coger un avión, pero que también vuelan; el escritor Miguel Otero Silva y el director de cine Ruy Guerra, que, como el propio García Márquez, habrían llegado a la conclusión de que “la única manera de combatir el miedo al avión es volando con miedo”; y, finalmente, Luis Buñuel, del que el premio Nobel cuenta lo siguiente: “Para él, el verdadero terror empieza cuando todo anda perfecto en el vuelo y, de pronto, aparece el comandante en mangas de camisa y recorre el avión a pasos lentos, saludando a cada uno de los pasajeros con una sonrisa radiante”.

Más recientemente, García Márquez ha revelado que Julio Cortázar, el ya mencionado Carlos Fuentes y él mismo vivieron una “noche irrepetible” en 1968 en un tren que cubría el trayecto París-Praga y que habían tomado debido, precisamente, a su común miedo a volar.

Pero hay muchos más. Ray Bradbury, pese a ser uno de los grandes maestros de la ciencia-ficción, tiene auténtico pánico al avión y, de hecho, no voló hasta 1982. Stanley Kubrick se sacó de joven la licencia de piloto, pero luego le cogió tanto miedo a volar que, para evitar hacerlo, se fue a vivir a las afueras de Londres, desde donde mantenía largas conversaciones telefónicas con los responsables de su productora norteamericana. Lars von Trier debe encontrarse en una situación bastante parecida, ya que no suele rodar fuera de Europa y, aunque algunas de sus películas están ambientadas en Estados Unidos, nunca ha viajado a ese país. En cuanto a Orson Welles, basta con saber que declaró que «cuando uno va en avión sólo existen dos emociones, el aburrimiento y el terror».

Los “duros” Sylvester Stallone y Bruce Willis padecen esta fobia. Y también Jennifer Aniston y Megan Fox, quienes, por lo demás, tienen formas muy curiosas de afrontarla: Jennifer se siente segura cuando sube al avión con el pie derecho y Megan, cuando escucha a Britney Spears en su iPhone… Cosas de Hollywood.

En cuanto a los cantantes, ahí están Aretha Franklin, Lenny Kravitz, Juanes o Robert Smith, el vocalista de “The Cure”, del que dicen que, cuando el grupo se va de gira a Estados Unidos, él sale varios días antes para cruzar el Océano Atlántico en barco.

La princesa Mette-Marit de Noruega, esposa del príncipe heredero Haakon, también reconoció que tiene miedo a volar y que canta salmos para tranquilizarse en el avión. Pero los aficionados al fútbol se acordarán claramente del jugador holandés Dennis Bergkamp, que, cuando fichó por el Arsenal, introdujo una cláusula en su contrato que le eximía de desplazarse en avión con el resto de sus compañeros para disputar los partidos. Él prefería el coche, el tren o cualquier otro medio de transporte y, de ese modo, viajó hasta España, Túnez o Rusia.

De esta fobia no se libran ni siquiera los personajes de ficción. Mr. T., más conocido por estos lares como M. A. Barracus, uno de los integrantes del incruento “Equipo A”, tenía tanto miedo a volar, que a sus compañeros no les quedaba otra opción que la de drogarlo para conseguir que subiera a un avión. Y la pobre Marge Simpson se puso tan nerviosa cuando el avión en el que se marchaba de vacaciones con su familia iba a despegar, que se vio obligada a bajar de él y a solicitar la ayuda de un psicoanalista para liberarse de su temor.

Así que no debemos sentirnos solos en nuestra situación, ya que es muy probable que incluso el pasajero que va sentado a nuestro lado también sienta algo de miedo.

Imagen | thepluginguy

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