¿Quién se atreverá a poner en práctica lo aprendido?

18/01/2011

La pregunta del título puede parecer absurda, pero no lo es. Solemos creer que la gente está dispuesta a hacer todo aquello que sea necesario para resolver sus problemas, pero la realidad es un poco más complicada.

Para empezar, las personas reaccionamos continuamente a lo que nos ocurre, de modo que, ante la aparición de cualquier tipo de malestar, enseguida tomamos medidas para contrarrestarlo. Muchas veces estas medidas son acertadas, pero otras veces, resultan contraproducentes y, en lugar de eliminar el malestar, lo intensifican, creándonos un verdadero problema. En este último caso, puede que acudamos a un especialista, pero también que acabemos por acostumbrarnos a la nueva situación, es decir, al malestar que intentamos combatir de manera equivocada, sobre todo cuando el malestar no es excesivamente grande y por alguna razón (vergüenza o temor a parecer blandos o débiles) no queremos reconocerlo. Y no cabe duda de que la ansiedad cumple estos requisitos.

Pero, además, no es cierto que las personas siempre busquemos el placer y evitemos el dolor, puesto que, como se comprueba habitualmente en el ámbito clínico, lo que perseguimos son las cosas conocidas y familiares, aunque no nos procuren casi ninguna satisfacción y sí mucho sufrimiento.

Así que, a partir de lo anterior, podríamos afirmar que, de entre todos los aerofóbicos que han seguido esta sección, aquéllos que estarán más dispuestos a poner en práctica las técnicas aquí presentadas serán los que pertenecen a dos grupos bien diferenciados: el grupo de los aerofóbicos que experimentan tanto miedo a volar que evitan subirse a un avión y el de los que no tienen costumbre de volar, pero que ante la necesidad de hacerlo próximamente, no quieren pasarlo demasiado mal. Porque el grupo de los aerofóbicos que suelen volar y, al mismo tiempo, sienten un miedo moderado, simplemente se han acostumbrado a su situación y prefieren su vieja ansiedad y sus viejos remedios a cualquier otra cosa. Y es que, como reza el refrán, «más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer».

De todos modos, repitamos, por si acaso, la pregunta: ¿quién se atreverá a poner en práctica lo aprendido para superar su miedo a volar?, ¿quién se esforzará realmente por llegar a disfrutar de vistas tan hermosas como la de la imagen?

Imagen | Eleaf

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