De paseo por San Telmo

02/01/2017

Fotografía de Lauro MaiaBuenos Aires es ciudad de cafés y librerías tanto como es una ciudad de barrios. Si hay que descubrir el espíritu porteño, no se puede dejar de ir a La Recoleta, a La Boca, a Palermo, Belgrano, el Soho, o, incluso, el barrio más moderno de la ciudad, Puerto Madero. Ahora bien, si lo que se pretende es volver a casa como canta Gardel en “Mi Buenos Aires querido”, sin pizca de desengaño, lo que el viajero debe hacer es ir al barrio de San Telmo, y en domingo, por favor.

San Telmo, un barrio y un mercado

San Telmo es el barrio más pequeño de Buenos Aires y uno de los más antiguos. En él hay una multitud de detalles que nos hablan de un barrio que lucha contra el olvido. Uno de esos detalles contra el olvido es el Mercado de San Telmo.

Los turistas que acuden y los habitantes del barrio confluyen en el antiguo edificio del mercado –uno de los pocos techados que quedan en Buenos Aires–. Pilares de acero, un techo vidriado y suelos de mármol constituyen el espacio para las compras diarias, pero también para multitud de antigüedades. El edificio del Mercado de San Telmo se construyó en 1897 según el proyecto de Juan Antonio Buschiazzo, cuando Buenos Aires miraba hacia Europa, más a París, a la búsqueda de un modelo para crecer. Hay que andar hasta la Cúpula Octogonal en el centro del mercado, donde por cierto, hay lugar donde tomar un estupendo café, para hacerse una idea del ambiente del barrio.

Si se acudes el domingo, el barrio, repleto de paseantes, es otro muy diferente. El ruido, el alboroto de vendedores, de músicos, artistas, compradores, forma una feria caótica que se desordena por Calle Defensa desde el epicentro, la Plaza Dorrengo. Aquí puedes comprar prácticamente de todo.  Antes de recorrer la feria, hay que tomarse un café en unos de los bares clásicos de Buenos Aires. En la ciudad hay algunos bares y cafés que están considerados como Patrimonio Cultural, y el Bar Plaza Dorrengo es uno de ellos, con sus sillas y muebles rayados por mil de porteños en la larga historia del bar, donde, casi como un altar, se hace reverencia una mesa en especial. Si el viajero pregunta a los camareros, a los que no les cuesta nada hablar, contarán la historia de cómo en esa mesa, los escritores Borges y Sábato se reunieron para hacer las paces después de una dura pelea no solo intelectual.

Los domingos, en la Plaza Dorrego van parejas a bailar tango y los carteles pintados al estilo fileteado –arte que apunta a convertirse en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad– parecen acompañar con el color y las espirales los pasos del baile. San Telmo, en domingo, tiene la mayor concentración de especialistas en antigüedades de todo el país –según la propia organización, cerca de 270 puestos de venta y más de diez mil visitantes–, lo que convierte este especial mercado de las pulgas en uno de los mercados de antigüedades más importantes del mundo. Con tanto que ver, seguro que un choripán –bocadillo de chorizo de precio popular– vendrá bien en alguna de las parrillas que se improvisan.

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Fotografía de José Alejandro Adamuz

En el barrio de San Telmo se encuentran algunas curiosidades más, como la Casa Mínima, que tiene la fachada más estrecha de toda la ciudad, y Mafalda… Sí, el popular personaje de Quino, se encuentra en San Telmo, barrio de su creador. Mafalda, en una esquina cercana del domicilio del dibujante, espera pacientemente sentada en un banco a que los visitantes se fotografíen con ella. Para los amantes del cómic, en San Telmo se puede realizar el Paseo de la Historieta con diferentes personajes célebres del cómic nacional.

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