Shanghái y la inexplicable atracción del Bund

14/06/2017

Shanghái China Bund Algo Que Recordar

Ahora que estás en Shanghái, ya no recuerdas a qué te sonaba su nombre antes de venir. Puede que te llamara la atención por lo exótico, por la tradición, por lo desconocido. A nada de eso te huele ahora Shanghái. Cada día sales del hotel con un objetivo diferente: un templo, una plaza, un mercado… Pero siempre, siempre, empiezas, pasas o acabas en el mismo sitio: el Bund. Todos, absolutamente todos los que estáis y los que son, vais o volvéis de allí. En sistemática peregrinación. En incomprensible programación.

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Aunque te cueste reconocerlo, el Bund tiene un imán como no habías visto antes. Ninguna catarata, volcán o playa había conseguido que fueras varias veces y a distintas horas del día a verlos.

Y vas. No sabes por qué. Al amanecer. Para ver cómo al sol le cuesta más de la cuenta llegar a lo más alto de la última torre. Para ver cómo la gente hace ejercicio, vuela cometas o baila a cámara lenta con enormes abanicos… Y vuelves otra vez. A media tarde. Para memorizar cómo cada edificio enseña su lado bueno con la mejor luz posible. Y sin querer queriendo, allí estás de nuevo presenciando ese atardecer que mientras se te va de las manos, los ojos y la cámara, se convierte en luces y noche. No tiene sentido. Estás admirando edificios. Uno tras otro. Al lado del otro. Encima del otro.

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¿Por qué te llama tanto la atención un simple río y las construcciones que le hacen pasillo? Si sólo se trata de un canal que separa el pasado del futuro. Sólo es eso. Estructuras imperiales de las que ya no se hacen, que después de limitarse a contemplar el paso del tiempo, la gente y el comercio, ahora asisten incrédulas al imparable crecimiento de otra generación arquitectónica. Cemento, acero y cristal. Nada más.

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¿Por qué no aprovechas el tiempo para ver más cosas? ¿Por qué eres infiel a tus principios y en lugar de ahondar en el lugar, sólo vuelves y revuelves al mismo sitio como si algo hubiera cambiado en las últimas cinco horas? ¿Por qué te dejas asombrar tan fácilmente?

«Sólo son edificios«, repites una y otra vez.

Tú, que siempre has sido admirador de las maravillas que el mundo esconde, querías  visitar un sitio en el que reinara el asfalto para llenarte de razones y que de repente no encuentras.

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Se te escapan los días y sin saber muy bien cómo, te encuentras sentado de vuelta en el avión. Asiento 8L. Justo por el lado en el que, «con suerte y si el día lo permite», ojalá puedas ver el Bund una vez más.

Pero si sólo son edificios…