El arte rupestre de Asturias también está de aniversario

24/05/2018

cueva Tito Bustillo

2018 será recordado en Asturias no sólo por el hito histórico que está suponiendo el triple encuentro centenario en Covadonga, también por cumplirse cincuenta años del descubrimiento de la Cueva de Tito Bustillo: sí, hablamos de un gran exponente del arte rupestre en la región, famoso por su calidad y cantidad de obras que lo convierten en uno de los mayores yacimientos de Europa; un centenar de pinturas y grabados, algunos que se remontan a los 35.000 años BP, que representan animales de la época, figuras antropomórficas y diversos símbolos geométricos.

El contrapunto contemporáneo lo marca ese Centro de Arte Rupestre que acompaña a la cueva y que nos ayudará a contextualizar todo el conjunto desde una experiencia interactiva. Interesante, ¿verdad? ¿Nos acompañas en este singular recorrido por la prehistoria?

La Cueva de Tito Bustillo fue descubierta en abril de 1968 por un grupo de espeleólogos que exploraban el Macizo de Ardines, sistema kárstico ubicado en la preciosa localidad costera de Ribadesella. La calidad de estas pinturas rupestres y su buen estado de conservación hicieron que el interés por el hallazgo no tardara en traspasar fronteras. Con su nombre se pretende honrar la memoria de Celestino ‘Tito’ Bustillo, uno de los protagonistas, que falleció sólo unos días después en un accidente de montaña.

A la magia de estas cuevas se accede a través del Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo, inaugurado en 2011 para divulgar y promover los vestigios paleolíticos de Asturias. Está compuesto por un pasillo que se va iluminando conforme avanzamos, cubierto de certeras explicaciones interactivas que nos ayudarán a entender el valor del hallazgo y en las que se abordan detalles y técnicas de creación del arte rupestre. Por cuestiones de conservación y accesibilidad, en la Cueva los visitantes sólo pueden acceder a la sala conocida como Panel Principal, su conjunto más destacado si tenemos en cuenta el número de historias y su amplia diversidad.

cueva Tito Bustillo

En este Panel Principal de la Cueva se han contabilizado casi cien representaciones, una galería en la que sobresalen los motivos animales: aquí podremos contemplar decenas de ciervos, cabras, renos, caballos y bisontes, figuras acompañadas por diferentes signos geométricos. Aunque también se distinguen tonalidades negras y violetas, la gran mayoría está elaborada con colores rojizos; también destacan por su gran tamaño, y es que algunas de estas figuras llegan a superar los dos metros de longitud.

¿Lo más llamativo? Que hay constancia de que el conjunto fue realizado en dos etapas diferentes y separadas entre ellas por miles de años, lo que denota la habitabilidad de la cueva a lo largo de la historia. Y eso no es todo: una pantalla en el Centro de Arte Rupestre muestra igualmente ciertos detalles que no se conciben a simple vista, ahondando en la fantasía al narrar cómo se fueron añadiendo (superponiendo) más y más pinturas a la colección.

Además de por esta sala principal, la Cueva de Tito Bustillo está compuesta por otras estancias cerradas al público en estos momentos y que denotan la gran riqueza artística del lugar; no se pueden visitar físicamente, pero sí existen reproducciones fidedignas en el centro para que podamos comprender su alcance y significado:

  • Fue Rodrigo de Balbín quien descubrió hace una década la Galería de los Antropomorfos, célebre por sus dos figuras humanas pintadas en rojo; diversas investigaciones han demostrado que son las más antiguas de la cueva, superando los 40.000 años y localizadas en un lugar casi inaccesible.
  • La Galería de los Caballos muestra seis figuras de caballos, un uro y (según estudios) un oso. Es un conjunto de finos grabados que se pueden distinguir gracias a proyecciones sobre la réplica de este panel en el Centro de Arte Rupestre.
  • El Camarín de las Vulvas, por su parte, se ha convertido en una de las escasas representaciones rupestres de órganos sexuales femeninos en Europa. Se trata de figuras con carácter evocador y sumamente simbólico, una de ellas incluso representada dentro de un perfil humano.

Centro de Arte Rupestre

El Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo completa sus 6.500 metros cuadrados con una exposición permanente (arriba) en la que podremos contemplar referencias periodísticas al descubrimiento, testimonios audiovisuales de los protagonistas y diversos elementos propios de grupos de montañismo y espeleología. También encontraremos reproducciones de los elementos más importantes encontrados en el yacimiento, confeccionadas con materias primas originales (piedra, huesos) y agrupadas por temáticas atendiendo a la pesca primitiva, caza y utensilios diarios del hogar; destaca igualmente el apartado dedicado a la ornamentación prehistórica.

Resulta imponente la maqueta de gran tamaño que se encarga de explicar el origen y formación del macizo kárstico en el que se encuentra la cueva, haciendo hincapié en las principales pinturas rupestres e hitos del lugar y añadiendo fotos explicativas para poder contextualizar el conjunto. Y, para finalizar, siempre podremos poner a pruebas nuestros conocimientos en la parte interactiva del centro: aquí encontramos varias pantallas táctiles con preguntas temáticas, información y un gran mural electrónico que nos permitirá experimentar las sensaciones que tenían los antiguos habitantes de la cueva al crear pinturas que hemos presenciado previamente.

Si aún necesitas más razones para visitar este Patrimonio de la Humanidad (y las otras cuevas asturianas con esta categoría, como El Pindal, La Peña de Candamo, Llonín y La Covaciella), entre junio y octubre se desarrollará en el centro una exposición en la que se expondrán piezas originales de la cueva y que servirá para conmemorar los primeros cincuenta años desde su descubrimiento.

Más información, en la página oficial de Turismo de Asturias.

Imágenes | ©Turismo de Asturias

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