La influencia de nuestros pensamientos en el miedo a volar

03/02/2022

Durante el día tenemos miles de pensamientos, los cuales influyen en las decisiones que vamos tomando, en cómo nos enfrentamos a las situaciones y cómo nos comportamos con el resto de personas y con nosotros mismos.

A menudo estos pensamientos pasan de largo, no les prestamos demasiada atención y ¡menos mal! ¿Os imagináis estar pendientes de los casi 70 mil pensamientos que tenemos al día? Sería imposible.

De esos miles de pensamientos, nos enganchamos a aquellos relacionados con un peligro para nosotros mismos, con la pérdida de control y con el miedo a sufrir o morir. Esto es un mecanismo del cerebro para asegurar nuestra supervivencia que pone en marcha una serie de respuestas fisiológicas con la función de movilizarnos. Así, aumenta nuestra adrenalina y cortisol provocando síntomas físicos que nos ponen en un estado de vigilancia ante un estímulo amenazante. Entre estos síntomas estarían, por ejemplo, la aceleración del ritmo cardiaco, dilatación de las pupilas, aumento de oxígeno, sudoración, contracción muscular…

Pongamos un ejemplo sobre miedo a volar para así comprenderlo mejor

Una persona que tenga miedo a volar percibe el vuelo como una amenaza presentando pensamientos como por ejemplo “estoy en peligro” o “no puedo controlarlo”. Estos pensamientos se agudizan los días anteriores al viaje, por lo que también aumentan su veracidad para la persona y cogen así más fuerza. Todo ello va activando más síntomas o respuestas en el organismo, ya que el peligro “cada vez es más real y está más cerca”, como por ejemplo hiperventilación, que facilita el aumento de sangre en el corazón llegando a tener más fuerza en las extremidades para huir del posible peligro y así tener la creencia de “estoy a salvo”. El pensamiento de base “estoy en peligro” activa en el cuerpo de la persona diferentes reacciones para que ésta pueda salvarse.

Ahora bien, el problema viene cuando ese peligro no es real y es una percepción nuestra, construida a través de experiencias, creencias irracionales… ya que nuestro cuerpo activa a nivel fisiológico la misma respuesta como si ese peligro fuera real, y al no tener estímulos a los que reaccionar, esa activación se convierte en hiperventilación, temblores, nerviosismo… pudiendo derivar en ansiedad o en un ataque de pánico.

Por todo esto es importante reconocer e identificar los pensamientos, ya que son los que inician el proceso de respuesta ante un posible peligro; es decir, si somos conscientes de estos pensamientos y los cuestionamos, podemos llegar a prevenir el malestar que pueden llegar a ocasionar después.

¿Realmente volar significa estar en peligro? Cuando nos paramos a atender a los pensamientos y los cuestionamos, nos damos cuenta de que el peligro no es del todo real, puesto que sabemos que el avión es uno de los medios de transportes más seguros de nuestra sociedad hoy en día. Pero sólo con cuestionar el pensamiento, no desaparece el malestar, ya que habría que explorar más allá, puesto que estas creencias sobre estar en peligro normalmente tienen su origen en nuestra historia tal y como mencionamos en el artículo La importancia de nuestra historia en el miedo a volar”.

También habría que mencionar lo que ocurre cuando este pensamiento se convierte en algo repetitivo que nos acompaña sin cesar. La respuesta aprendida que normalmente usamos es “deja de pensar así”, lo que nos hace luchar contra el pensamiento. Sin embargo, este mecanismo no ayuda, todo lo contrario; hace mucho más presente la creencia. Por todo ello, la mejor opción es aprender estrategias que nos permitan tolerar la sensación desagradable que nos produce. Es decir, no luchar contra nuestros pensamientos, sino aprender a convivir con ellos sabiendo que no tienen por qué determinar nuestro comportamiento.

Para concluir, nos gustaría transmitir distintas claves para una buena gestión de los pensamientos a la hora de volar para que no nos limiten antes del viaje ni durante el trayecto:

  • Identificar los pensamientos que nos generan sensaciones desagradables
  • Observar de dónde vienen estos pensamientos. ¿Son creencias aprendidas? ¿Vienen de alguna experiencia en concreto? ¿Tal vez de una necesidad de control?
  • Cuestionar estos pensamientos ¿Este pensamiento es real? ¿Cuánta probabilidad hay de que este peligro ocurra?
  • Atender a nuestro cuerpo y localizar en qué parte aparecen los primeros síntomas, así podemos conocer en profundidad cómo responde nuestro cuerpo a la hora de percibir una posible amenaza o peligro.
  • Tratar de aceptar que durante el vuelo hay distintos factores que no están bajo nuestro control, sino que dependen de otras personas.
  • Crear un diálogo interno que nos acompañe durante el vuelo, en forma de frases o autoinstrucciones que nos generen seguridad, como por ejemplo “confío en los profesionales que están a cargo” “puedo tolerar las sensaciones que aparezcan, tengo recursos”

Atiende a tus pensamientos, acompáñate con coherencia y permítete sentir tus emociones durante el vuelo.

Autor: Crea Sentido

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