La importancia de nuestra reacción en la fobia

07/09/2010

A partir de las posibles vías de adquisición de la aerofobia, podríamos trazar la siguiente secuencia de cómo se puede llegar a adquirir:

– El punto de partida sería una persona que padece ciertos problemas personales o laborales o que, simplemente, está apesadumbrada o incluso agobiada por la situación actual (por ejemplo, por la crisis económica) o por lo que ocurre a su alrededor (por ejemplo, por los crímenes, accidentes o desastres naturales referidos por los medios de comunicación), y que coge un avión.

– Debido a ello, tal persona se encuentra en un estado de gran susceptibilidad y, ante la menor incidencia durante el vuelo, la interpreta en términos negativos, imaginándose que algo malo está pasando.

– Dicha interpretación negativa le genera ansiedad y ésta lleva a la persona a insistir en su idea de que algo malo está pasando, con lo que empieza a fijarse en todo aquello que sucede en el avión y a experimentar cada vez más ansiedad ante la posibilidad de que vaya a producirse un accidente.

– Finalmente, entre la interpretación negativa y la ansiedad acaba formándose, a veces mucho tiempo después del vuelo, un bucle de retro-alimentación en el que la presencia de algún recuerdo o idea o del más pequeño síntoma de nerviosismo basta para desencadenar todo el proceso, de modo que volar se convierte en una experiencia tan desagradable como para no querer volver a repetirla jamás.

Así, la fobia no sería el producto tanto de lo que nos ocurre en el avión como de las cosas que pensamos en esas circunstancias. Después de todo, aquello que generó la ansiedad fue nuestra interpretación subjetiva de una incidencia del vuelo, que seguramente no tenía la menor trascendencia, en los términos de que algo malo le estaba pasando al avión y que, por tanto, habría un accidente.

Imagen | andres.thor

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