Desensibilización sistemática

26/10/2010

Una vez que hemos comprendido la importancia de exponernos a aquello que tememos  y hemos aprendido a relajarnos, podemos emplear ambas cosas para atacar la raíz de nuestro problema. La desensibilización sistemática, una de las técnicas más utilizadas para tratar la fobia a volar, consiste precisamente en eso: en combinar, por un lado, la exposición imaginada a la situación temida y, por el otro, la relajación. De lo que se trata es de asociar dicha situación con una respuesta que resulta incompatible con la de ansiedad, de modo que dejará de provocarnos esta última respuesta. Además, la desensibilización avanza poco a poco desde aquello que menos ansiedad nos provoca, hasta aquello que casi no podemos soportar, lo que viene muy bien para la fobia a volar, ya que ésta no se manifiesta únicamente cuando volamos, sino que empieza a hacerlo en el momento en que nos damos cuenta de que tenemos que subir a un avión.

El procedimiento es muy sencillo. En primer lugar, se elabora un listado de situaciones relacionadas con el hecho de volar y que nos generen ansiedad, como, por ejemplo, comprar el billete, preparar las maletas, llegar al aeropuerto, observar cómo despegan los aviones, subir a nuestro avión o cruzar una zona de turbulencias durante nuestro vuelo. Unas 10 o 15 situaciones bastarán, pero, eso sí, cuanto más concretas y realistas sean, mejor. A continuación, se ordenan en una jerarquía que vaya de la situación que nos genera menos ansiedad a la que más. Para ello, se puntúan las diferentes situaciones según el grado de ansiedad que nos provoquen, desde 0 a 100. Lo más fácil es comenzar preguntándose cuál es la que nos genera más ansiedad, la que menos y la intermedia, y, acto seguido, ir colocando las demás situaciones entre ellas. Al final no deben existir saltos de más de 10 puntos entre una y otra, reformulando algunas situaciones si fuera preciso.Una vez hecho esto, ya podemos proceder a la desensibilización propiamente dicha. Primero nos relajamos, luego nos imaginamos la primera situación de la jerarquía de la forma más clara y vívida posible hasta que empecemos a experimentar ansiedad y, una vez conseguido, mantenemos la imagen durante unos segundos (recordemos que estamos exponiéndonos a aquello que tememos) y volvemos a relajarnos. Hay que imaginarse la situación hasta que ya no nos genere ansiedad al menos dos o tres veces consecutivas. Después se pasa a la siguiente situación y así sucesivamente hasta completar todas las situaciones. Lleva tiempo, así que lo mejor es dividir el ejercicio en varias sesiones, que finalizarán con una situación bien desensibilizada y comenzarán con esa misma situación.

¿Por qué no intentarlo? Podemos recurrir a nuestra pareja o a algún amigo para que nos ayude. O, si no, a esa persona que, dentro de nosotros, está dispuesta a hacer todo lo posible para que estemos bien.

Imagen | Swiv

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